¿Puede señalar un momento de su vida en el que sintió su corazón romperse? Creo que puedo. Creo que a veces amamos y nos conectamos tan profundamente con nuestros seres queridos que cuando nos abandonan, una parte de nosotros también nos abandona. Al menos así es como me siento yo. Cuando George murió, una parte de mí fue con él a dondequiera que vayamos cuando morimos, y a veces sigo llorando por la pérdida que sentí cuando se fue.

Él se convirtió en mi tío durante el día de celebración de mi octavo grado. Mi casa estaba de puertas abiertas y mi propia madre se encontraba demasiado borracha para acompañarme.

Él, siendo un viejo amigo de mi madre y nuestro vecino de barrio, se había encariñado mucho con nosotros durante un tiempo, así que cuando lo llamé llorando, contando que mi madre estaba desmayada en su cuarto preguntando si el me llevaría a la celebración del colegio, no dudó un momento en hacerlo. “Estaré allí para recogerte en unos minutos. No te preocupes.” Siempre hablaba con calma, pero con una fuerza inmensa, y yo sabía que todo lo que decía, lo decía en serio. Lo presenté como mi tío a mis maestros, y desde entonces, lo fue. Con el paso de los años, nos acercamos aún más. Lenta pero certeramente se convirtió en más que especial, en todo, para mí. Cuando miro atrás lo veo en cada evento importante de mi vida. Me enseñó a conducir. Estaba allí cuando fui al baile de graduación. Mi graduación. Me instalo en mi dormitorio en la universidad. Siempre que me sentía triste, sola o insegura, o cuando quería compartir mi felicidad con él, él estaba allí. Hicimos largos paseos en bicicleta por la playa, o fuimos a las montañas compartiendo un café caliente, frente a mí. Él estaba allí. Siempre estuvo ahí. Hasta que un día no lo fue, y la pérdida de eso me sigue devastando.

A los 5 meses de haber sido diagnosticado con cáncer de pulmón, sucumbió a él. Vi cómo el cáncer se lo comía vivo, y mientras veía cómo la vida lo dejaba, podía sentir cómo mi luz se atenuaba un poco. La mañana en que murió, me dijo: “Ya no falta mucho”, y asi era. Su espíritu se fue antes de que se pusiera el sol. Lo peor de todo es que nunca pude despedirme. Nunca llegué a decirle lo mucho que me salvó cuando era niña, y me moldeó en la mujer que soy. Fue el único padre que tuve en realidad, y fue la única constante en mi vida. Fue el único hombre que nunca se alejó de mí, nunca me abandonó, nunca me rompió el corazón, nunca me lastimó. A veces dejo de hacer lo que hago y juro que él está ahí. Aparece en mi mente en los momentos más inesperados, y me gusta pensar que tal vez esa sea su manera de recordarme gentilmente que siempre está conmigo.

El aspecto más elevado de mí mismo sabe que no perdemos verdaderamente a los que amamos, pero el aspecto terrenal sigue siendo devorado por la tristeza. Mis hijos me hacen preguntas filosóficas todo el tiempo, y rara vez puedo responderlas. ¿Hay un cielo? ¿Adónde vamos cuando morimos? Moldeo mis respuestas para que sean comprensibles para sus mentes gentiles, pero la verdad es que, para mí, confío mucho en la esperanza. Espero que haya una vida después de la muerte. Espero que seamos recibidos por los que amamos allí. Y espero que no importe que nunca llegáramos a decir ‘adiós’ porque nuestro ‘hola de nuevo’ será mucho más dulce.