Editorial: Familia

Editorial: Familia

Cuando en nuestra última conferencia editorial se preguntó quién escribiría el texto sobre el tema de la familia para la tercera edición de PensaTiempo, me ofrecí de inmediato, no tuve que pensar mucho sobre ese deseo ambivalente que he tenido alojado dentro de mi corazón hace mucho tiempo, el cual es poder presentar el tema de la familia a nuestros lectores desde el punto de vista de la persona que una vez fui, y no desde el punto de vista de la editora de PensaTiempo.


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Tuve que acobardarme porque la familia me ha afectado, conmovido, herido, humillado desde muchas perspectivas en mi propia vida y me ha dado poca felicidad real. Ambivalente, porque de ella ha surgido una actitud hacia la familia, que todavía hoy me hace dudar, Y como tengo tantos problemas con el tema familia, el deseo del corazón surgió para expresarme con total sinceridad, porque es importante para mí conocer, en mi vejez, por qué las buenas intenciones a veces van mal en la vida, en contra del deseo de evitar lo malo y dar prioridad a lo bueno.

Seguramente no soy el autor más adecuado para este tema, pero precisamente por eso o simplemente por tal razón he hecho un esfuerzo especial para presentar aquí mi punto de vista desde otra perspectiva.

No sé si usted – querido lector – ha notado que la familia como tema es idealizada casi sin excepción por todos los medios de comunicación en el mundo entero, sin importar la orientación que tengan. Sólo se habla de lo bueno y lo bello, la familia se presenta como un modelo a seguir y todo lo relacionado con ella se ilumina románticamente, como un “ideal” absoluto, como si en las familias no hubiera apenas peleas y malos acontecimientos, sin mencionar la crueldad real y los cientos de sucesos negativos que caben al interior de ella.

No sólo en los países latinoamericanos, no, también en los anglosajones se idealiza la necesaria unidad fundamental de la familia, se advierte contra la decadencia, se predica la paz, la felicidad y la cohesión, las nobles habilidades y el bienestar y la euforia absoluta, que uno encuentra lo más probable en la familia.

En mis ojos esto es una pérdida absoluta de la realidad más allá de la realidad de la vida cotidiana. De hecho, las comunidades o familias felices son muy raras, y como todos anhelamos un hogar acogedor -solo la felicidad, tanto es así-, no recibimos nada más de los medios de comunicación. La vida diaria nos trae una vida familiar mucho menos feliz de lo que desearíamos.

En esta edición hemos pedido a nuestros autores de todo el mundo que presenten sus puntos de vista y experiencias sobre el tema de la familia. Esto ha demostrado que la familia es un tema diverso en sí mismo, mientras leemos, entre líneas sentimos emociones, percepciones, dolor, suciedad, desafío y remordimiento, indulgencia y enojo, todo lo que la vida con la familia nos trae diariamente, pero, sobre todo, también el amor, que en última instancia es de lo que se trata, pero que a menudo también se percibe como algo equivocado y diluido. Ninguno de nuestros escritores idealizó a la familia como la he descrito aquí antes.

Aunque sigo creyendo, a pesar de todo esto, que una familia fuerte es el punto de partida ideal para que los jóvenes afronten las desilusiones de este mundo, me gustaría señalar que, por lo general, es más bien una felicidad de la Providencia nacer en una familia así.

P.D.: Nuestras contribuciones tratan el tema de la familia a su manera, pero quizás usted ve las cosas con una óptica muy diferente. ¿Por qué no nos lo cuentas tú? Desde hace unos días hemos equipado a PensaTiempo con una función de comentarios a petición de nuestros lectores. También esperamos su opinión.

Arthur Pahl

Arthur Pahl

Arthur Pahl nació en Gladbeck / Westphalia y creció en Würzburg. Después de entrenar en el sector hotelero, completó una pasantía en finos restaurantes suizos, trabajó como mayordomo en un transatlántico, vivió en los EE. UU., Colombia, Canadá y Brasil, turnándose de agricultor de arroz a comerciante de esmeraldas, taxista, vendedor de tumbas y corredor de bolsa, antes de regresar a Alemania, donde se desarrolla trabajando como guía turístico para grupos de turistas internacionales. El lema de Arthur es: “Escribir es vida – Leer es saber comprender la vida.

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