Colombia es un país aún inexplorado, lleno de maravillas naturales, arquitectónicas, culturales y de contrastes sociales, los cuales influyen en el desarrollo económico de las comunidades a lo largo y ancho de su territorio.

En la actualidad el impacto de la estética moderna y del urbanismo han modificado tanto a las grandes urbes como a los pequeños pueblos de la periferia, creando la necesidad, en las instituciones públicas y en sus pobladores, de organizarse para proteger y mantener el legado cultural de sus antepasados.

El bahareque es un sistema de construcción de viviendas usado por los pueblos originarios de América desde tiempos remotos e implementado en Colombia en la época de la colonización en la región que hoy se conoce como el Eje Cafetero, este sistema además de ser respetuoso con el medio ambiente es altamente resistente a terremotos y es de bajo costo, ya que utiliza materia prima propia de la región; pero sin duda, en la actualidad cobra una gran importancia porque constituye en elemento fundamental en la arquitectura, la cultura y economía local.

UNESCO Patrimonio de la humanidad: Paisaje Cultural Cafetero de Colombia

En el año 2011, la UNESCO declaró el Paisaje Cultural Cafetero de Colombia como Patrimonio Cultural de la Humanidad y a partir de allí se ha visibilizado la riqueza natural alrededor del cultivo del café y el legado cultural del Bahareque como un estilo de arquitectura que aprovecha la madera, la guadua y el bambú, junto al barro, el heno y la mezcla de excrementos de vaca y caballo.

Una típica casa bahareque en la creación.

Estos magníficos pueblos se encuentran en los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda, norte del Valle del Cauca y noroccidente del Tolima. La declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero creó conciencia acerca de las riquezas de estas tierras. Es así como este impulso  por parte de esta organización mundial generó en la comunidad local un sentimiento de lo propio,  y con él se empezó a fortalecer aquello que antes se creían formas de construcción primitivas en contraste con las construcciones de los países desarrollados. En este intento de proteger su cultura, se abren paso pueblos como Salento, Filandia, Pijao, Génova, Montenegro, entre otros, que decidieron mantener la esencia de la cultura local a  través de la conservación de la arquitectura en bahareque y tejas de barro. Conservación que les ha permitido mejorar su economía porque la afluencia de turistas hacia esta zona colombiana va en crecimiento permanente.

El bahareque un símbolo de la cultura cafetera

El bahareque se erige como un símbolo de la cultura cafetera, desde las calles de  estos pueblos se pueden observar balcones en madera multicolor, tejados en barro, enseres de mediados del siglo XIX, que al mezclarse a la vista de los visitantes se convierten en la mediación de las nuevas infraestructuras como  hoteles y casas campestres elaboradas en otros materiales, lo que de cierta forma permite que la economía se dinamice entre lo de antaño y lo moderno.

El turismo dinamiza su economía desde el consumo de servicios en restaurantes, bares, casas museo, fincas cafeteras, hoteles, parques temáticos, hasta el  avistamiento de aves, el senderismo, el transporte en viejos Jeep Willyz.

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El valle de cocona con sus palmas de cera es particularmente popular entre los turistas. (DiegotorquemadaEigenes Werk, CC BY 3.0, Link)

En fin, el viajero encuentra paisajes exuberantes que van desde el bosque tropical, aguas termales, palma de cera (árbol nacional de Colombia), sistemas de páramo en los Andes y todos los servicios que promueven bienestar en una de las zonas más seguras de toda Colombia.

Pero la cultura cafetera va más allá, el visitante puede compartir en bares y cafeterías, junto a los artesanos y campesinos; salas de tertulias y recuerdos, todo  acompañado siempre por  productos locales, desde el café, las arepas, la aguapanela, los quesos, los bocadillos y demás productos de la gastronomía propia de la montaña cafetera.

Un ejemplo maravilloso es Pijao Quindío, incrustado entre la cordillera central a una altura de 1600 metros sobre el nivel del mar, es un pequeño pueblo donde el tiempo se detuvo para dejar ver una panorámica de casas hechas en madera y guadua, ventanas de colores con detalles particulares según las costumbres de sus habitantes, al interior escaleras y  corredores que nos trasladan a épocas de la bonanza del café, el paisaje se nota tranquilo, preservado, el buen vivir se redescubre con el reconocimiento de que lo propio es lo que sostiene la economía en este siglo. Pijao es el único municipio de Latinoamérica que hace parte de movimiento Citta Slow, el cual busca mejorar la calidad de vida de sus habitantes y visitantes en un ambiente de absoluta tranquilidad.

Colombia tiene abiertas sus puertas al mundo para descubrir los encantos naturales y culturales que por mucho tiempo se han preservado y que ahora se presentan como una oportunidad para plasmar recuerdos maravillosos en la mente de sus visitantes y para dignificar la vida de quienes han hecho del café una forma de vida.