El mundo, la patria de los nuevos ciudadanos

Los seres humanos somos proclives a sentirnos parte de una manada, construimos una identidad alrededor de las características que nos asemejan con otros, la familia, la hinchada de un equipo, los clubes y hasta la misma patria. Algunos consideran poco sano llevar al extremo este tipo de sentimientos, otros lo defienden como la única forma de mantener las identidades culturales a diferente escala; en todo caso la humanidad debe tender a dar un nuevo sentido a aquello que le asemeja o diferencia de los otros.

Generalmente las personas no se preocupan por salir de su casa porque eso no significa una ausencia prolongada o permanente, pero cada vez que salen no tienen la certeza de regresar. Salir de casa por un instante no es algo que preocupe mucho, saber que hay una familia que espera nuestro regreso nos llena de tranquilidad; pero ¿qué pasa cuando no salimos por nuestra voluntad, cuando la distancia de casa se prolonga en el tiempo?

Quien ha tenido la experiencia de emigrar conoce mejor que nadie la respuesta a estas preguntas pero quien jamás lo ha hecho se hace a una idea muchas veces errada o tergiversada. Según ACNUR en su informe anual -Tendencias Globales, 68,5 millones de personas han sido expulsadas en todo el mundo a finales de 2017, y de estas una tercera parte han salido de su país. Este mismo informe calcula que cada dos segundos una persona es desplazada.

Las cifras anteriores son preocupantes porque desvelan un panorama gris en la humanidad, ya que su origen es la violencia, no obstante las personas abandonan su patria por muchos otros motivos de los cuales no se tienen estadísticas oficiales. Por ejemplo, desde mi país, Colombia, muchos han salido a buscar oportunidades económicas debido a la exagerada desigualdad social y al deseo de sus nacionales por “salir adelante” o como es más conocido “alcanzar el sueño americano”. Se calcula que un 10% de su población se encuentra en territorio extranjero.

Pero dejar su “manada”, en este caso su familia y su patria no es fácil; salir del país de origen es una experiencia en principio traumática puesto que el desarraigo conlleva consecuencias sicológicas que transforman la manera de pensar y de ver la vida; obligándolos en algunos casos a tomar decisiones que van en contra de sus principios pero que se hacen imprescindibles para poder sobrevivir en el nuevo entorno.

Por experiencia de muchos familiares y amigos entiendo que si bien el deseo de la mayoría es el de regresar al país cuando las condiciones mejoren, solo unos pocos lo hacen debido a su nuevo proceso de arraigo social, familiar o laboral en el país de acogida; por lo tanto, entre más tiempo pasan fuera de su país de origen menos posibilidades hay de un retorno definitivo. De manera que la patria adquiere una connotación distinta, se le da un contenido novedoso y a la vez simple, en palabras de Eurípides, la patria es el lugar donde nos encontramos bien.

Por lo anterior hay que tener en cuenta que el hecho de acceder a una nueva cultura produce cambios en el inmigrante que dependiendo del entorno podrán significar para el país de acogida la  adquisición de un ciudadano que aporte en los diferentes ámbitos al desarrollo del país o por el contrario, si no hay una política migratoria respetuosa de los derechos humanos y de la dignidad de las personas lo más probable es que se tienda a marginalizar y finalmente se convierta en una carga social y cultural con impacto negativo en sectores como la economía, la seguridad social y ciudadana.

Un valioso ejemplo lo está dando España al recibir por razones humanitarias a los inmigrantes a bordo del buque Aquarius, los cuales como muchos otros huyen de la violencia armada y simbólica en sus territorios, dejan su patria para hacerse a una nueva en la cual se les dé la categoría de ciudadanos con derechos y libertades, pero también con obligaciones dentro de la que podría ser su “nueva manada”. El hombre como ser social puede tejer una y otra vez, como Penélope a la espera de Odiseo, los hilos de aquello que les haga sentir parte de una comunidad; por lo tanto y a pesar de lo controvertido del tema, los países deberían aceptar que la nueva patria es el mundo y es necesario trascender los límites y fronteras impuestos por los estados, es necesario construir una ciudadanía global en sintonía con la globalización de otros sectores.

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