Viajando en auto por magníficas carreteras, o por vías de tren, por donde pasan apresurados trenes de alta velocidad, nosotros admiramos con perplejidad los inmensos y grandiosos puentes.

Magníficos por su tamaño y por la complejidad de su construcción. Nos quedamos imaginando quiénes serían los constructores. Como serían los interminables y complejos cálculos de física o matemática. Sin embargo, son una obra de arte, entrelazando dos o más puntos. En sólo una frase, integran mentes, corazones y culturas. Esta es la imagen de un puente, esa es su función: unir.

Pero quién sabe, tanto en las carreteras, como en las vías de tren, pasan desapercibidas las pequeñas construcciones, entre ellas pequeños puentes.

Sin ningún encanto, invisibles por la inmensa velocidad con que es cruzado, un pequeño puente parece no existir.

Mas no deja de ser un error verlos así.

Vamos a reflexionar sobre ello.

No siempre la vida se hace de grandes construcciones, como tampoco se hace de grandes gestos.

Estamos acostumbrados a imaginar que grandes cambios, o lograr un nuevo objetivo, tiene que depender de grandes y portentosas actitudes.

Pero ¿será así? ¿Has pensado en eso?

Muchas veces, para cambiar el rumbo de nuestras vidas, de hecho tenemos que tomar una gran actitud, quien sabe hasta heroica. Una gran actitud que nos lleve a otro camino, una gran actitud que nos ligue a otros objetivos…a otros espacios…

Pero ¿será solamente eso que puede llevar a un nuevo camino que llevará hacia un nuevo horizonte?

Quien sabe, una simple mirada dulce, en un momento de abandono. Quien sabe, la palabra correcta en un instante de angustia, o, hasta una simple caricia en el pelo, cuando estamos afligidos y solos.

O, entonces, en un momento de duda: “¿será por aquí?” o “¿será por allá?”, una simple sugestión, nos lleva a otro e inesperado destino.

¡Sí! Pequeños gestos, palabras simples, una actitud sencilla, una mirada dulce, una sonrisa simpática, una sugestión sin pretensiones pueden ser el puente que nos llevará a un nuevo y magnífico destino. A una nueva vida. Una vida de colores inesperados. A la felicidad nunca antes imaginada.

Aun estando distante de la grandeza de una magnífica y vistosa construcción. Aun pasando desapercibido, aquel pequeño puente en una carretera, o en una vía de tren seria reconocido, si un día no estuviera allí, donde está. Sin él, no habría destino, unión.

Así como nos hacen falta los pequeños gestos, palabras amigas o una simple sonrisa.

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