Un hombre decide suicidarse saltando de un puente a su muerte. No lo hizo solo, sino que también se llevó a sus dos hijos con consigo a la muerte.

La discusión entre el medico colombiano Dr. Gustavo Quintana y nuestro editor jefe Thomas Matterne también conmovió a nuestros lectores. Nuestra lectora Karin Ludwig escribió: “Si la propia vida sólo aparece gris, si sólo se ven escombros y cenizas, puede ser una instantánea larga e insoportable. Es imperdonable y despiadadamente egoísta suicidarse con los propios hijos”. Ella estableció así la línea de crítica a las declaraciones del Dr. Gustavo Quintana, ya que casi todos nuestros lectores se sorprendieron por su actitud hacia el padre en El Salto desde el Puente, quien se llevó a sus dos hijos con él a la muerte. Nuestra autora Monika Detering incluso habló del asesinato de niños en su comentario, y dijo que “veía en la acción del padre un gran egoísmo enfermo, y una actitud: Los niños me pertenecen a mi.

Nuestro lector, Beate, criticó el suicidio, señalando que el suicidio no era la solución. “El suicida se deshace de sus problemas, pero siguen siendo para familiares y amigos.” Sin embargo, también enfatizó que alguien que está enfermo y sufriendo debe tener el derecho de decidir por sí mismo cuándo quiere irse. De manera similar, Elizabeth J. Zemdegs, una canadiense que elogió el manejo del tema en países como los Países Bajos, preguntó por qué el hombre podía tomar tantas decisiones en la vida, pero no por qué podía morir con dignidad.

El Dr. Quintana también reanudó la discusión y escribió la siguiente carta a nuestro editor en jefe:


Mi estimado Tomás,
Quiero responderte a la profusa carta que tú has dirigido, quizá confrontando mis apreciaciones, las muy sencillas apreciaciones que hice respecto del suicidio de un padre que arrastró consigo a sus dos hijos en el malafortunado incidente del puente elevado.

Lo sencillo de mi respuesta estuvo basado en que no me siento capaz de hacer una argumentación de valores y de sentimientos respecto de lo que yo sentí por ese incidente. Déjame intentar releer lentamente tus frases y te voy a dar mis argumentos para mostrarte que tus apreciaciones muchas veces no coinciden con las mías y muy posiblemente me tildas de persona que no se conduele del dolor de otros.

“Me asombra un poco que con la misma velocidad que pretendiste prescindir de la presencia de Dios como dueño de la vida, con esa misma velocidad que prescindiste de él, pasaste a constituirte en un juez sentado a la diestra de Dios Padre, para constituirte como un juez.

Para constituirte como una especie de juez omnipotente que juzga lo sucedido de acuerdo a tus criterios”.

Afirmas haber llegado a tu posición por compasión, pero yo he llegado a la mía, no por compasión sino por solidaridad.

Podrías entonces haberme preguntado, y no adjudicarme la compasión como el sentimiento que debiera moverme para analizar ese suceso.

De hecho, yo no me siento a llover sobre mojado, no cierro mis ojos ante el dolor, pero éste afecta al que lo tiene, pues yo enfrento mi dolor y sufrimiento y superándolos me supero. El dolor de mis pacientes lo asumen ellos y en la eutanasia no ejerzo compasión, solo ejerzo afecto y solidaridad.

Mis pacientes no merecen compasión ahí nuestra mayor diferencia de conceptos. Te sientes profundamente afectado por mi posición ante la muerte de dos niños inocentes. Déjame decirte que ni Dios ni tu voluntad ni la mía podrían devolver los hechos o devolverles la vida, y como no depende de mí no me afecta. Son hechos irreversibles.

Ahora fíjate que tú te sientes con todo el derecho para juzgar al padre suicida, yo no lo hago. Ninguna condena le serviría. O tú ¿creés poder replicar alguna condena?, yo ni lo intento, y el estado, así fuera el de Hitler, ni siquiera lo intentaría.

Pienso además que si hubiera a alguien a quien se pudiera eventualmente juzgar, sería posiblemente a la viuda de este suicida. Pero, tú ¿creés que podrías llamarla y establecerle un juicio en el cual ella dijera que hizo que su esposo no solamente tomara su vida sino las de sus dos hijos? Creo que no tenemos argumentos ni siquiera para juzgar a la única persona viviente en quien podríamos eventualmente hacer un juicio.

Y no podríamos juzgar a la viuda, porque no fue ella quien los empujó al abismo. O ¿ crees tú que de pronto podríamos juzgar las condiciones sociales que dieron el motivo de este disgusto de esta pareja y establecer sobre ello un juicio? tampoco lo veo posible.

Entonces, ¿quiénes serían los reos en este juicio, en qué banquillo los sentarías tú?

Deja entonces que mi comentario ante este hecho sea básicamente silente.

En sí, el hecho fue inevitable. Y donde insisto, ni tú ni yo podemos revertir lo sucedido. Para los vivos sólo se puede condenar una conducta atroz y no hay indignidad en aceptar que los tres fallecieron, no podemos definitivamente revertirlo.

Además, tú teoría de cuidar los hijos es correcta, pero, ¿qué hacemos con quiénes no lo interpretan así? les puedes dar penas a aquellos que no cumplen aquello de educar adecuadamente a sus propios hijos y permitirles el vivir? eso tampoco lo podemos hacer ni tú ni yo.

Es normal rechazar la actitud de alguien que atenta contra la vida y sobre todo contra la vida de sus propios hijos.

Y lógicamente, las leyes deben establecer condenas para aquellos que no cuidan de la vida de sus hijos.

Y a mí no me corresponde ser el redentor de las leyes del Estado.

Mis Funciones son más de ser un espectador respetuoso que no impone condiciones.

Finalmente, tengo que decirte que no soy yo quien busca mis pacientes, son mis pacientes quienes terminan buscándome a mí.

Y en la toma de sus decisiones frente a una eutanasia solo tengo en cuenta la voluntad de ellos, mi voluntad no interviene absolutamente para nada en la toma de esta decisión.

Y yo respeto ese derecho que ellos tienen a disponer de su propia vida, porque el derecho a la vida yo lo considero como un derecho insoslayable.¿ Qué quiere decir insoslayable? es un derecho que no hay porque cedérselo ni a los médicos, ni a la familia, ni al Estado. El derecho sobre la propia vida y su final debe ser entonces un derecho absolutamente insoslayable, además respeto que un paciente que dispone de su propia vida no me está diciendo a mí cómo debo yo disponer de la mía.

Tengo que admitir lógicamente que en el proceso de la eutanasia entra mi voluntad para secundar la voluntad de mi paciente. Pero no es mi voluntad lo valioso, es el seguir la voluntad de alguien, que tan solo dispone de su propia vida.

Respecto de una eutanasia, es que sea el paciente mismo quién expresando su voluntad el que decide culminar con su propia vida, además por ser activo en la producción del proceso de la eutanasia se podría pensar que fuera mi voluntad la que tiene algo que ver con la voluntad del morituri.

En la segunda parte de tu escrito empiezas a hacer consideraciones acerca de que no tenemos la capacidad de sufrir y que menos aun posiblemente la tienen los enfermos y sobre todo los ancianos que muchas veces como que no nos acostumbraramos a verlo sufrir; yo diría ese sufrimiento también le corresponde a cada paciente y la forma de soportarlo y en la forma de soportarlo, él verá hasta dónde quiere soportar ese dolor y ese sufrimiento y sobre todo cuando es un enfermo terminal deberá tener no solamente la consideración de los demás respecto de su sufrimiento sino muy claramente la suya propia respecto de ese sufrimiento y posiblemente de la indignidad a la que se somete porque justamente va a ver cada vez más perdida su capacidad de autonomía y esto es algo que es supremamente importante en la solución del problema de los ancianos mayores. Tenemos que permitirle tenemos que darles un cuidado paliativo que corresponda a mermar sus dolores, pero tenemos que respetar la voluntad de ellos para aceptar o no sus cuidados paliativos y para que en último caso tengan la posibilidad de tomar la eutanasia como una solución que simplemente no rechazará los cuidados paliativos pero que les permitirá con toda libertad hacer el efecto que su voluntad quiere sobre su propia vida.

Además yo creo Thomas que si tú crees que todos los seres humanos tenemos derecho a imponerse a nuestros ancianos el que soporten la intimidad de su vejez y de su capacidad perdida porque pierden todas autonomía yo no me considero con derecho a imponerle eso a los ancianos tú puedes tener ese criterio pero yo creo que aquí lo más importante es respetar absolutamente la libertad individual de cualquier persona que envejece o de cualquier persona que tiene una enfermedad terminal de la cual está desahuciado

Finalmente quiero decirte que las incapacidades físicas con qué pueda nacer un ser humano y esa discapacidad por ejemplo de la ceguera o de su sordera permitirán a esas personas enfrentar sus propios déficits frente al ejercicio de su propia vida y ellos tienen toda la libertad de hacerlo y contarán con una sociedad que les brindará toda la ayuda para que tengan una vida digna dentro de sus discapacidades. Pero esto no quiere decir que porque les ayudemos a tener una vida digna no pudiéramos en algún momento pensar que esta es la misma situación de un enfermo terminal, eso es absolutamente diferente. los seres humanos con discapacidades y harán frente a sus discapacidades con todo el ánimo que su propia vida y le suministre pero esto es completamente diferente de obligar a un anciano o de obligar a un enfermo terminal a enfrentar sus propia discapacidad y enfrentar a lo que le significa a él el tener el derecho de disponer de cómo quiere tener el final de su propia vida porque eso no se lo podemos imponer a nadie eso no lo puede imponer ni siquiera la ley las leyes estarán para que no acabemos los unos con los otros porque tengamos diferentes maneras de pensar tenemos que entender que lo importante es la tolerancia que es mucho más importante que el imponer entonces nos tenemos que permitir abrazarnos a pesar de pensar diferente y no matarnos por pensar diferente


El redactor jefe de DenkZeit, por supuesto, respondió a esta respuesta detallada con una respuesta:


Querido Dr. Quintana,
Muchas gracias por su detallada respuesta. Quisiera centrar mi respuesta en dos aspectos. Por un lado, la cuestión de hasta qué punto otros tienen derecho a juzgar este acto, por otro lado, su visión de lo que ellos mismos hacen.

Mi punto de vista sobre cómo llevar al padre que llevó a sus hijos a la muerte -o para decirlo claramente: los mató- puede ser, por supuesto, un juicio. Pero los juicios sólo se pueden hacer cuando una ley ha sido quebrantada. Es irrelevante si se trata de una ley promulgada por el Estado o de un curso de acción humano generalmente aceptado. Hubo una época en que en muchos países había una legislación extraña y absurda en la que el suicidio y el intento de suicidio eran punibles. Creo que estamos de acuerdo en que esta ley es una tontería. Nadie puede castigar un suicidio ejecutado, una persona que ha intentado suicidarse necesita todo lo demás con más urgencia que ser castigada por ello. En este caso, sin embargo, se plantea otra cuestión, a saber, la de los dos hijos. Tienes razón al decir que no puedes juzgar la situación individual del padre. Tampoco puedo hacer eso. Probablemente nadie puede, excepto las personas que se han visto afectadas. Pero la pregunta es: ¿es necesario evaluar la situación individual? Si simplificamos el imperativo categórico de Immanuel Kant, entonces podemos decir: “Cada uno debe actuar de tal manera que su acción se convierta en una forma universal de actuar”. ¿Y puede ser un curso de acción generalmente aceptado acabar con la propia vida y llevar a la muerte a los hijos que están estrechamente relacionados con esta vida pero que todavía tienen su propia vida? ¿Puede el padre interino, cansado de su propia vida, ignorar el derecho de sus hijos a la autodeterminación en su propia vida? ¿Puede haber una razón para eso? ¿Realmente tienes una respuesta que puede empezar con cualquier cosa menos un “no”?

Y yo iría aún más lejos. Si el padre se hubiera quitado la vida, el imperativo categórico de Kant también le habría prohibido hacerlo. ¿O puede convertirse en una forma de actuar universalmente válida, a partir de la propia fatiga de la vida de su familia y amigos, para cargarlos con el sufrimiento causado por el suicidio? Puede parecer anticuado en una sociedad en la que el individuo se ha convertido en el objetivo último, y en la que el propio egoísmo como rasgo de carácter ya no debería tener un sabor negativo, pero estoy firmemente convencido de que el individuo no sólo es responsable de sí mismo, sino también de las personas que están relacionadas con él. Si este ya no es el caso, podemos dejar de lado a la comunidad misma y marchar felices hacia un mundo en el que cada uno es su vecino.

Cualquiera que se suicida como este padre está más allá de su responsabilidad. Al arrastrar a sus dos hijos a la muerte, comete un doble asesinato. Un asesinato por el que ningún juez puede castigarlo. Puede que tengas razón en eso. Y sin embargo, es necesario prohibir este acto como sociedad. Puede que ya no seamos capaces de pronunciar un juicio final, pero como sociedad debemos dejar claro que este curso de acción es erróneo. Si no los marcamos, si miramos por encima de ellos encogiéndonos de hombros, o si decimos, como ustedes hacen, que no hay nada que puedan hacer de todos modos, entonces esto puede significar para otras personas en situaciones similares que no está mal arrastrar a otros a su muerte. Hace unos años, un copiloto decidió quitarse la vida. Cuando el piloto abandonó la cabina, la cerró con llave y estrelló el avión contra las montañas. Se llevó una clase entera de la escuela a la muerte. Los gritos, los golpes desesperados del piloto contra la puerta, se escuchan en los registros recuperados posteriormente. Cierra los ojos. ¡Escuchen esos gritos! Entra en ti mismo y mantente a la vista!

¿Ese fue un mal truco mío? No, sólo cambié el escenario y el número de niños asesinados. Pero no el hecho.

Pero por supuesto que entiendo que debido a lo que estás haciendo, tienes que ir a otro mundo de pensamiento. Usted lo describe muy claramente cuando escribe, cuando se trata de lo que determinará cuando usted provea la eutanasia. Es la voluntad de la persona misma. Pero, ¿qué es esto más que un truco barato de su conciencia para no asumir la responsabilidad de sus propias acciones? La gente viene a ti, sí, así es. ¿Pero qué gente viene a ti? Gente que, por la razón que sea, quiere acabar con sus vidas. Puede que quieran hacerlo, pero si pudieran, no tendrían que venir a ti. Vienen al Dr. Gustavo Quintana porque no pueden suicidarse por sí mismos. Ya sea porque son físicamente incapaces de hacerlo, ya sea porque no pueden superar la voluntad humana de vivir que todavía está presente en ellos. Eres tú quien lo hace posible. Usted toma la decisión sobre la vida o la muerte al decidir voluntariamente hacer suyo el testamento del paciente. Incluso si puedes decirlo de otra manera, por supuesto. Es tu elección a quién ayudas y a quién no.

Pueden referirse al sufrimiento del hombre. Sufrimientos que no se pueden negar, pero ¿qué son más que un verdugo que en tiempos pasados rompió el cuello de los condenados en la hoguera antes de que se encendieran las llamas? Esto fue también un acto de gracia, que salvó a los condenados de la agonizante muerte de las llamas. Es tu acto de gracia el que quiere acabar con el sufrimiento del paciente.

Estás hablando de dignidad. La primera frase de la Constitución alemana es una de las más maravillosas que la gente ha formulado jamás: “La dignidad del hombre es inviolable”. No soy yo quien decide cuando la vida de un hombre es indigna. No se decide cuándo la vida de un hombre es indigna. Sí, ni siquiera el hombre mismo puede decidir cuándo su vida es indigna. Nuestra ambición debe ser respetar, promover y restaurar esa dignidad allí donde no se la respeta. Si no se respeta esta dignidad, y esto es lo que ocurre con demasiada frecuencia en la situación de muchos ancianos y enfermos, nuestro objetivo debe ser devolverle esta dignidad. Esa es nuestra responsabilidad ante estas personas, no eliminarlas.