En su contribución El salto desde el puente nuestro autor describió un acontecimiento en el que un padre cometió suicidio ampliado y llevó a sus dos hijos a la muerte. El doctor Gustavo Alfonso Quintana, conocido no solo en su país de origen, Colombia, quien dice haber ayudado a más de 200 personas por medio de la eutanasia, también leyó ese artículo y mandó la siguiente respuesta:

Dr. Gustavo Alfonso Quintana, 3 de noviembre 2018

Querido Thomas Matterne,

Dar una apreciación sobre los hechos ya cumplidos y donde es imposible devolver la vida.
Ante lo imposible solo surgirá el efecto que analiza pero no hace juicios frente a decisiones del autor. Creer que de alguna manera se violó el instinto de conservación de dos niños que quizás de forma involuntaria corrieron a lo inevitable….!
Los vivos podemos lamentar la voluntad de un padre cuando incluye en su intento a sus hijos. Fue quizás la situación social de su medio y quizás de su madre lo que llevo a este suicidio ampliado como una protesta ante una sociedad….!
Sufrimos y lamentamos los vivos que conocemos estos hechos….!
Es el fruto de nuestra sensibilidad….!
Pero así amamos vivir…!


Gustavo Alfonso Quintana, médico, nacido en Tuluá (Valle Cauca, Colombia) fue educado por Jesuitas. El es médico acreditado de la Universidad Nacional de Bogotá, Colombia. Especializado en gerontología y defensor mundial del derecho a poder morir de manera digna.

Nuestro autor también decidió escribir sobre el tema, y le respondió al Dr. Quintana:


Thomas Matterne 4 de noviembre 2018

Querido Dr. Quintana,

Fácilmente podría yo petrificar mi posición argumentando en base a mi fe religiosa. Simplemente podría decir que Dios decide sobre la vida de un ser humano y que el ser humano no tiene derecho a terminar con una vida. Pero eso sería demasiado fácil, y no sería un aporte para esta discusión. Por lo que dejaremos a Dios fuera de esta cuestión.
Usted, de esto estoy seguro, ha visto mucho sufrimiento. Usted ha finalizado sufrimientos, con buenas intenciones y sin ser imprudente, esto se lo concedo. El ser humano es un ser empático, la compasión es una razón esencial por la cual hemos llegado a la posición en donde estamos. Ver a otro ser humano sufrir, sea de una agonía de cuerpo o una del alma, eso hace parte de las cosas que nosotros los humanos apenas logramos soportar. Y muchos cierran sus ojos ante tal dolor y escapan frente al sufrimiento sin remedio. Sin embargo usted, doctor, no es así.
Pero al leer las líneas de su mensaje, en el que relativiza la muerte de dos niños inocentes, me siento profundamente afectado. Más allá de cualquier argumento religioso, estoy dispuesto a aceptar que yo no debo juzgar las razones del padre. De hecho sólo puedo especular sobre sus motivos. Y sé muy bien que no hay vida que mejore sólo porque alguien te dice “que ya saldrá el sol nuevamente”. Pero en respecto a los niños, yo no estoy dispuesto a dejar sus palabras sin comentario. Y, en beneficio suyo, espero haber interpretado mal sus palabras. Pero el que yo únicamente deba creer que “de alguna manera se violó el instinto de conservación de dos niños que quizás de forma involuntaria corrieron a lo inevitable” es una suposición que sencillamente es indigna de una persona que por su profesión ha jurado ayudar a los seres humanos. Es el primer deber y la honra primordial de los padres, cuidar de los hijos, apoyarlos en el camino de su vida, que sin duda puede ser dura e injusta. Conservar la vida de nuestros hijos es una capacidad cultural que no es tan antigua como nos podría parecer. En la antigüedad el padre podía decidir si reconocería a su hijo, levantándolo del suelo en el que se le presentaba recostado, o si lo dejaba en el suelo. Esta crueldad la hemos superado. Cuando un mamífero marsupial, imaginemos un canguro, se encuentra en una situación de peligro mortal, saca al bebé en desarrollo del marsupio y lo deja morir. La razón evolucionaria detrás de este acto es que ha muerto un bebé, pero un animal madre que sobrevive es más valioso que un bebé y un su madre muertos. La compasión humana sin embargo se ha desarrollado por encima de esta ley natural. Tanto que muchos adultos estarían dispuestos a morir por salvar niños completamente ajenos y extraños.
Alguien que, al cometer suicidio, mata a los hijos que están bajo su protección es un asesino. Podemos concederle circunstancias atenuantes bajo la impresión de su propia situación desesperante, pero eso no cambia en nada el hecho.
Vivimos en una sociedad que ha perdido la capacidad de soportar sufrimiento. En el momento que nuestros viejos se enferman de demencia, en el que pierden tanta fuerza que necesitan estar postrados, los transportamos a hospitales o hogares. Nos da igual, lo más importante es que no tenemos que presenciar el sufrimiento. Y ya que no queremos que nuestros hijos sufran con nosotros, ocultamos el sufrimiento frente a ellos. De esta manera, nuestra sociedad está cada vez menos capacitada para soportar la agonía, o a convivir con sufrimiento. Y aquellos que sufren, en su mayoría dejan que ocurran las cosas sin mostrar voluntad propia, tal vez hasta sean la fuerza propulsora de aquel encubrimiento porque no quieren convertirse en un peso emocional y financiero para sus hijos. En nuestra sociedad occidental hemos desaprendido que los hijos algún día tendrán que cuidar los padres. Quien es fuerte, ayuda al que es débil. Y cuando el fuerte se ha convertido en el débil, tiene derecho a que le ayuden.
Muchas veces se menciona en el contexto de la eutanasia voluntaria el argumento de la compasión o conmiseración. En mi opinión, esta es una perversión de la palabra, ya que ayudar a alguien a morir es justamente lo contrario de apoyar a alguien en su miseria y su sufrimiento. Es un camino fácil, el camino sin más esfuerzos. El camino de una sociedad cuya meta más importante es vivir una vida bonita; ver sufrimiento y miseria naturalmente no contribuye a ese ideal de vida. Si ya no vamos caminando juntos y ya no nos acompañamos en ese último trecho del camino de la vida, consecuentemente queremos acortarlo y encontrar un atajo, ¿no es así?
Yo siento un enorme respeto frente a las personas que soportan su agonía, su sufrimiento al igual que han disfrutado sus alegrías en la vida. Sufrimiento, dolor, y la muerte, hacen parte de la vida. Si comenzamos a eliminar el sufrimiento, mañana tal vez eliminaremos errores. Se puede hasta argumentar que la vida de algunas personas con sus discapacidades también es solo un sufrimiento. ¿No deberíamos al final salvar a alguien quien nació ciego y sordo? ¿Qué valor tiene su vida, aparte de que él impide que otros puedan encontrar su propia felicidad? ¿Pero no será que cualquier vida tiene valor simplemente por ser vida?
Alguien que le quita la vida a sus hijos de la manera como lo hizo ese padre en el relato, actúa de manera errónea. Pero de que vale la palabra “error” en una sociedad que no quiere escuchar verdades absolutas, sino que relativiza el asesinato de dos niños inocentes con circunstancias atenuantes – solo para, al final, sentirse un poco mejor uno mismo.
Escribí que no me corresponde condenar los motivos del padre por su propio suicidio. Pero a usted no se le ha otorgado el derecho, ni por su labor en el ámbito de la eutanasia, de especular sobre si los niños “quizás de forma involuntaria” corrieron a la muerte. Esta relativización puede ser resultado de su confrontación diaria, pero es un error y frente al poder que usted mismo se otorgó sobre la vida y la muerte, es una semilla muy peligrosa en su alma.

Con esto, el debate no terminó. Acompañe el debate en la segunda parte…


Qué es eutanasia y cómo está regularizada por la ley?

En la temática de la eutanasia se diferencia entre el suicidio médicamente asistido y la eutanasia activa. En Suiza y algunos estados de los Estados Unidos, el suicidio asistido está regularizado por la ley. En esos casos, siguiendo las normas judiciales correspondientes, se le facilita a la persona afectada una dosis mortal de medicamentos. En Europa, la eutanasia activa está permitida y regularizada por la ley en los Países Bajos y en Bélgica. En estos casos, la eutanasia es ejecutada por un médico. En Holanda, más de 90% de los casos de eutanasia son por medio de eutanasia activa. Especialmente en Holanda ha aumentado la cantidad de los casos de manera muy rápida, entre 2010 y 2016 se duplicó el número. En Bélica como Holanda es muy polémico que esta posibilidad esté abierta también a personas que padecen de enfermedades psicológicas, por ejemplo de depresión crónica.

En Colombia, en 1997 la Corte Constitucional decidió que la eutanasia activa no es un delito, siempre que la persona afectada exprese su deseo de manera clara y evidente y padezca de una enfermedad mortal terminal.

¿Cuáles son los pros, cuáles son los contras de la eutanasia?

Eutanasia es un tema que despierta mucha polémica entre los habitantes de muchos países. Aunque haz una cierta tendencia que promueve la eutanasia, en el fondo la opinión pública está profundamente dividida.

Argumentos para la legalización de eutanasia:

  • Agonía y dolores pueden ser terminados.
  • El ser humano tiene el derecho de autodeterminación.
  • La eutanasia ya existe clandestinamente, los que hacen parte de estos procesos no serían criminalizados.
  • La eutanasia ayudaría a bajar los gastos en los sistemas de salud.
  • La eutanasia es un mandamiento nacido de la caridad.

Argumentos contra la legalización de la eutanasia:

  • La decisión es irrevocable.
  • Los parientes ponen a las personas afectadas y a sí mismos bajo una gran presión emocional.
  • Si los gastos en el sistema de salud bajan rápidamente, podría provocarse una tendencia a promover la eutanasia.
  • Personas que padecen de enfermedades psicológicas crónicas pueden desarrollar el deseo de morir aunque podrían recibir ayuda médica para su patología de base.
  • Los hospicios y el apoyo de la medicina paliativa hoy en día ayudan a que se pueda morir de manera digna.

¿Qué piensa usted sobre el tema eutanasia? Comente y escríbanos su opinión en la parte de comentarios abajo.