„Vale, empezamos. ¿Voy a grabar la entrevista, está bien?“ El periodista no esperó la respuesta de su interlocutor, sino apretó la tecla „On“ de su palillo de grabación y lo colocó sobre la mesa de cristal en la mitad de la pequeña sala de estar en un barrio periférico de Berlin que hace unos años se llamaba Potsdam.

Quizás empecemos con algo personal. ¿Cómo se llama usted?

„Schneider, Simon Schneider“, empezó mi interlocutor lentamente. „¿Es necesario mencionar mi nombre? ¿No quería perder mi puesto de trabajo, entiende?“ Hizo una pausa, parecía pensar brevemente en algo y sacudió la cabeza por su propia ingenuidad, por no decir por su estupidez.

„Qué tonterías me pongo a decir ya que la sociedad va a desparecer, si eso se vuelve público.“

El periodista puso una cara llena de comprensión, en el curso de su vida hubo entendido como tener preparado un montòn de expresiones de ese tipo y èl ya sabía, el tipo de cara que tenía que poner en cualquier situación. „Simplemente cuente primero, después vamos a ver. Usted es Simon Schneider, y trabaja como técnico para la sociedad „Envejecimiento Humano“. Esto ya lo sabemos.“

„Así es, „Enverjecerse Humanamente“, se rió enfatizando amargamente Schneider. „Usted conoce bien a la sociedad, la solución para el envejecimiento de nuestra sociedad, cerramos todas las casas de reposo y nos ocupamos de que los hombres dignos – desparezcan con dignidad. Entonces creo que la palabra desparecer sea la palabra correcta para eso.“

„Conozco a la empresa. Congelan hombres y se aseguran de que sueñen por siempre. ¿Cómo hacen eso exactamente?“

„¿Cómo hacemos eso?, se rió Schneider, esta vez poniendo una dosis más grande de amargura en su risa. „Buena pregunta, también yo pregunté lo mismo cuando me contrataron. Me parecí alternativamente una idea genial y después perversa. Pero yo trabajé de siempre en el ámbito de la criogenia y la sociedad iba desesperadamente buscando gente. Mi entrevista de trabajo no duró más de dos minutos, la única razón por la cual se prolungó fue que me informé enseguida sobre las reglas. Es básicamente muy simple, los cerebros de los ancianos se conectan con un ordenador central que los congelan. El ordenador se ocupa de que la gente sueñe incesantemente con los sueños en las área tematica que ha eligido élla por si mismo. La sociedad puede controlar al azar lo que se sueñe, porque mientras tanto se quedan congeladas demasiadas personas.“

„Por lo que estoy informado, este tipo de congelo tiene una pega.“

„¿Usted cree que no se pueda volver atrás? Sí, esto es el gran defecto de la criogenia. Congelamos a los hombres mantendendolos en vida al mínimo nivel. Viven, cubitos de hielo vivientes. Por favor discúlpeme, tengo que beber algo.“ Schneider se levantó, desapareció en una pequeña cocina al lado y volvió después de unos instantes con un vaso de jugo de naranja en la mano. Sin hielo, el periodista pensó por un breve momento en un chiste situacional y puso hasta un toque de sonrisa en su cara. „Perdóneme, puedo ofrecerle también algo.“

„No, no, gracias. ¿Usted cree que se pueda deshacer este proceso, es decir, volver a descongelar los hombres algún día?“

„Cierto, algún día. Pero la sociedad no endaga en esta dirección, pues ¿Por qué debería hacerlo? El sentido es de hacer desaparecer a los hombres, meténdolos en los ataudes, así llamamos a las cajas congeladoras, las se apilan uno encima del otro en el sótano y eso es todo. Piensa usted sólo en el ahorro de espacio, un ataud de dos metros de longitud comparado con una morada en la casa de reposo. Primero no pensaba que alguien pudiera hacerlo voluntariamente. La criogenia ha sido desarrollada primero para los hombres que tienen enfermedades incurables y que se descongelan apenas se haya encontrado un remedio. O la astronáutica puede utilizarla para congelar a los cosmonautas en viajes largos. La criogenia todavía no está lista, la misión actual a Marte vuela sí también con hombres despiertos a bordo. La sociedad con eso hace publicidad de qué la persona congelada sueña por siempre y de qué no sufrirá nunca de otras cosas, como de minusvalías fisicas o en el peor de los casos de Alzheimer. ¿No le gustaría a usted soñar para siempre?“

El periodista se encogió de hombros, no estaba cierto y con un gesto pidió a Schneider que siguiera hablando. No quería preocuparse, sobre todo, porque su sentimiento le dijo desde hace el inizio de esta entrevista, que la idea de ser congelado se volvería a ser aún más loca que ya.

„Pues, al principio fue difícil convencer a la gente. Cúando vi por primera vez a la nave A1, ese es el nombre oficial para el primero almacén con los ataúdes, estaban llenos diez pañoles, aunque la nave esté concebida para 500 y de los diez se trataba de hombres que se encontraban poco más antes de la muerte, con las arterias calcificadas, cáncer o Aids, ya sabe. Esta técnica se iba realizando sólo lentamente, en aquel periodo, cuando aquel actor se hizo congelar. La gente hace cualquier cosa para la última publicidad.“

„Sí, me acuerdo“, el periodista asentió. Echó un vistazo a la marcación digital de su registrador, mientras Schneider volvía a tomar unos sorbos. Era hora de ir al grano. „Sí, entretanto está casi trendy. Bueno, cuando usted contactó conmigo, usaba palabras como escándalo y engaño.“ Vaciló por un momento. „Tiene algo que ver con la criogenia, no me digas que los hombres estén – ¿estén muertos?“

„¿Qué? ¡Claro que no!“, este reproche lo puso furioso, la criogenia era el campo especial de Schneider, no quería dejar a nadie echarle la culpa. „Con la criogenia està todo bien. Las personas congeladas viven en el nivel mínimo necesario, la cajas se encuentran en las mejores condiciones y el suministro de energía está seguro al ciento por ciento. Tenemos generadores de emergencias y realizamos pruebas periódicamente. Con la criogenia está todo bien.“

„Perdóneme, está bien, no quería atacarla. Sólo pensaba que sería lo obvio.“

Schneider vació su vaso y lo estalló sobre la mesa. „No, con la criogenia está todo bien, todo funciona perfectamente.“

El periodista echó un vistazo al vaso vacío y luchó si mismo contra su impulso de beber un sorbo.

„Bueno, qué ha descubierto entonces. Cuente todo en órden, tenemos tiempo toda la tarde. Cuente desde el principio.“ Silencio. „Como dije, Usted me va a contar primero su historia y después vamos a decidir lo que hacer con ella.“ Esto era naturalmente mentira, en caso de que el cuento fuera realmente degran interés como le decía su instinto de repórter, entonces no habría podido quedarse tan tranquilo. Parecía que la historia era realmente sensacional, muy caliente. Sin importar lo que estaba pasando en la sociedad „Envejecimiento Humano“, algo le hacía suponer, que tenía su propio Watergate enfrente de sí mismo. „Confíe en mí.“

Schneider todavia vacilaba. Jugaba nervioso con su vaso vacío delante de él, pasó la punta de dedo sobre el borde del cristal y parecía decepcionado, no oir a algun ruido. De repente se acordó de un acontecimiento de su infancia, cuando estaba mirando a un artista de la calle en el parque montando a un òrgano hecho de cristales empezando a tocarlo como si fuera una orquesta de un solo hombre. De repente vio la escena delante de él como si hubiera sido ayer. El cálido sol de la primavera, los pájaros en el fondo, su madre a su lado, como si pudiera tocarla. El sol se reflejaba en los cristales, estaban llenado de agua en diversos grados. Pues, por eso no podía oir un sonido, todavía tenía que ser un poco de agua en el vaso. De repente Schneider se reencontró en el presente. Había soñado. Soñado, se rió por dentro Schneider, soñado. „¿Confíanza? Empezó finalmente a hablar de nuevo „en la sociedad ninguno confíe en el otro. Todo está top secret, como si nosotros fuéramos un servicio secreto, o algo así. Todo está protegido doblemente o triplemente, escanear retina es obligatorio. Después de haber pasado unos días ahí me sorprendió que se podía acceder a la cantina sin tener que escanear los ojos.“

„Medidas de seguridad se dan todavia por sentado. Hoy en día no puede entrar ni en el Transrapid sin haber metido antes la tarjeta de identidad dentro de una máquina automática.“ El periodista echó nuevemente un vistazo al marcador de su registrador, Schneider tendría que ir lentamente al grano.

„¡La seguridad es lo primero!“, asentió Schneider pensativo. „Pero, a que sirven las mejores medidas de seguridad, si hay algo como la casualidad. O la palabra mejor quizás sería accidente, sí, accidente. No fue nada más que un accidente. En realidad no hubiera ni debido haber visto el archivo, se trataba de un T1 Circular que de repente apareció en la pantalla de mi ordenador.“

„¿T1?“

„Sólo para los jefes del nivel más alto del departamento, en el distribudor hay no más de diez personas. Justamente el liderazgo superior de la sociedad.“

„Entiendo, y ¿Qué estaba escrito en esta circular? El periodista se agachó, finalmente Schneider llegó al punto. Lleno de expectación miró a Schneider por encima de la mesa, pero él de repente pareció absorto, dejándose caer atrás en la silla y quizás reflexionando, si no hubiera hecho un error. Al fin y al cabo estaba hablando con un periodista sobre cosas, que la sociedad celaba por todos los medios del público. Su experiencia periodística hizo sentir al reportero, que Schneider estaba pensando justamente en eso. En verdad quería sussurar por la enésima vez „Confíe en mí“ en tono conspirativo, pero hubiera sido demasiado notable, incluso para él mismo. Por el contrario el periodista asintió solamente para darle ánimos.

„La circular fue sobre – fue sobre uno de los expertos, que en aquel época confermó para el gobierno de Bruselas, que todo era correcto. Pues lo era, pero sólo por cuanto concernía la criogenia. La conexión entre los congelados y el ordenandor central es una farsa, pues no existe. Todo esto no funciona técnicamente para nada.“

„¿Es decir, la gente está congelada y nada más?“

Schneider sólo asintió con la cabeza.

„Yo pero pensaba que ese „plantar sueños en el cerebro“ no estuvo muy extendido porque la „Sociedad de Envejecimiento Humano“ tenía la patente.

„La patente sobre una técnica que no funciona, por lo menos para la gente congelada. Lo ùnico que funciona es causar sentimientos, esto funciona de verdad. Pueden procurar a los sujetos de estudio un sentimiento de felicidad indefinido, nada más. Probablemente ni eso funciona, porque el nivel de vida de los congelados está a un nivel demasiado bajo para el cerebro. Usted ya lo dijiste, la sociedad sólo congela a la gente.“

„Y porque no es posible descongelarla, nadie puede decir no haber soñado nunca“, terminó el periodista la frase de Schneider. „Y allá los revisores fueron sobornados. Mierda, ésta sí que es una historia.“

„Se pone aún peor. En la sociedad corre la voz de que los políticos están pensando en introducir obligatoriamente el congelo por entero grupos de sociedades. A partir de una cierta edad, apenas no rienden nada más para el común de la gente, vienen recogido y metido en la caja de congelo. Ahora, ya que lo sé todo supongo que estés un suburbo detrás de esto.“

„Suburbo, sí, probablemente“, sussuró el periodista. „¿Usted tiene esa circular?“ El periodista gimió interiormente, cuando vio a Schneider sacudir furtivamente la cabeza. „¡Pucha! Pero usted se acuerda del nombre del experto.“

„¡Mira esto!“ El hombre de la „Sociedad de Envejecimiento Humano“ con su típica chaqueta azúl clara, señaló el diagrama delante de el en la pantalla. „¿Qué es eso?“

„La monitorización de su secuencias de sueños, ¿cuánto hace que trabajas aquí? Con un empuje enérgico el segundo técnico se movió con su silla de oficina de su puesto de trabajo a aquel de su colega.

„¡Mierda!“

„¿Qué?“

„Si no lo supiera mejor, diría que està teniendo una pesadilla. ¿Quién es?“

El primer técnico apretó algo en el tacleado proyectado sobre la mesa. „Schneider, Simon. Ingresado el 02.03.2034, sus parientes pagan por el sueño standard. Vacaciones en una playa del Mar del Norte.“

„Así como oscila su diagrama, un monstruo marino está aterrizando en la costa. Voy a informar el jefe.“

Se trata del terzero fallo en este mes, pensó, mientras conectaba el teléfono a su oído pronunciando el nombre de la persona para llamar. El pobretón vino aquí para soñar por la eternidad – o siempre y cuando su parientes pagan puntualmente las facturas – y ahora la sociedad tenía sólo la opción de dejarlo en una pesadilla eterna o de descongelarlo y llevarlo al cementerio como en los buenos viejos tiempos. Apenas los sueños estaban plantados en los cerebros de los afectados, los ordenadores de la sociedad no pudieron influir más sobre ellos. Los sueños explotaron repitiéndose como en un bucle. Sólo a veces no lo hicieron, a veces los sueños se desarrollaban por si mismo. A veces la gente se quedaba atascada en una pesadilla sin fin, de la que no podía despertarse, exepto en la muerte.


Este artículo fue traducido al español por nuestra autora Sarah Krampl. Muchas gracias a Sarah Krampl, Editora DenkZeit-PonderingTime-Pensatiempo.