El concepto de familia en el siglo 21 se ha reconceptualizado, ya que no solo se enfoca en la diversidad natural entre géneros, sino en lo que denominamos especies. Si hiciéramos una narrativa del desarrollo humano podríamos decir que el hombre ha ido aprendiendo del medio que lo sustenta y ha adaptado sus sentidos para poder sobrevivir; y en ese devenir ha dejado ingresar a su seno grupal otros seres de ese mundo que lo rodea, quizás como compañeros de viaje o como herramienta para comprender el universo físico y psíquico en el que vive.

La familia se ha debatido en dos extremos como un conjunto natural o sociacultural, de estos se han elaborado diferentes tesis a lo largo de la historia, por ejemplo, los cristianos a partir del libro del Génesis toman a la familia como la unión entre carnes que dejan su linaje, una especie de ejercicio reproductivo meramente; por su parte los romanos le dan virtud al término familia a partir del pater, algo así como quien tiene el poder en el grupo consanguíneo; en cambio Federico Engels concibe la familia desde los aspectos socioeconómicos y como una unidad que da origen a la propiedad privada y al estado. De otra parte en el siglo 20 se generalizó el concepto jurídico de familia a partir de la Declaración Universal de Derechos Humanos, la cual en su artículo 16 reza que “[…] La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del estado.”

Como observamos el término de familia ha evolucionado, hoy en día se puede hablar de familia como un grupo de personas que comparten rasgos de consanguinidad, afectos e intereses, sin embargo, esta acepción no queda aún muy completa porque con el paso del tiempo ha ido cambiando la visión tanto individual como social acerca de este término. Cabe resaltar que en el presente siglo se ha dado apertura a grandes libertades sociales; conquistas jurídicas y filosóficas han roto con el esquema tradicional de familia. Un hombre y una mujer ya no son incluidos como miembros fundadores y únicos de familia, hoy dos mujeres, dos hombres, un tío y un sobrino, una abuela y un nieto, o un perro y un hombre, son tenidos en cuenta como una unidad social, llamada familia. Esto en la práctica nos lleva a reflexionar y a poner en discusión esta palabra por una que quizás encierre un concepto más amplio y variado de lo que sería la unidad fundamental de la sociedad; ya algunos defensores de los derechos de integración de los animales se han acercado a un término como: la familia multiespecie, ya no solo se hace el llamado a los géneros sino al vínculo directo de las especies con la sociedad humana.

Es así como perros, gatos, ranas, conejos, serpientes, ratones, y una variedad de animales más, que llamamos mascotas, podrían sumarse a la unidad social fundamental para formar parte activa en la vida de los seres humanos, convirtiéndose en protagonistas del término Familia. En palabras de Gerard Durell, naturalista británico, “A house is not a home until it has a dog”.

Para dar cuenta de cómo los animales se abren paso en la sociedad humana, y de cómo esto promueve una reconceptualización del término familia, debemos observar que históricamente algunos animales han formado parte de importantes culturas, por ejemplo, los egipcios adoraban a los gatos, sus perros eran respetados y nadie podía lastimarlos porque se les condenaba a muerte. Algunas evidencias quedaron plasmadas en papiros y piedras, otras en pinturas que demuestran que hacían parte de la compañía de la realeza y sus cohortes; allí los súbditos protegían a los animales con su vida porque eran propiedad del castillo, eran cosas suntuosas para la diversión personal o tenidos en cuenta como seres que tenían contacto con lo oscuro y diabólico.

En la actualidad y gracias a la fotografía, las redes sociales y la internet el mundo de las mascotas es otro, ya que estas se han convertido en personajes activos dentro de los hogares; tanto lo es, que ya no habitan el patio trasero o la entrada principal de la casa, sino que ocupan un lugar especial al interior de la vivienda, se han transformado en un miembro más de la familia, ya ha dejado de ser una cosa que respira para convertirse un ser que siente y que quizás puede tener cierto tipo de emociones; en este sentido los gobiernos han promovido y promulgado leyes para su protección acorde a esta nueva visión. Este hecho genera una integración legal de los animales en los grupos humanos, lo que le permite a la vez un reconocimiento amplio en la escala de reglas sociales, ya no es cosa, es un ser con derechos.

¿Cómo han logrado los animales integrarse y ganar terreno en las capas humanas?

Los griegos inician este vínculo con dioses mitológicos que se entrelazan o se convierten en animales, alineando quizás su destreza física con lo sicológico y emocional humano; el mundo avanza y otras culturas enfatizan las enseñanzas a través de la fábula, texto escrito breve en el cual los protagonistas son los animales, estos pueden hablar personificando la conciencia humana y con esto enseñar normas, reglas o leyes según lo dispongan, de hecho todos recordamos alguno de estos escritos de antaño; entre líneas uno de estos escritos es: el patito feo, que en realidad no era un pato sino un cisne, llevándonos a preguntar, ¿quién en realidad? No lejos, en la edad media, la iglesia católica utilizó animales para elaborar la escena del nacimiento del redentor y con ello reproducir su discurso de una forma amena y de fácil recordación, mostrándonos que no somos ajenos a los demás seres vivos que nos rodean, ya que de alguna forma nos servimos de ellos.

El siglo 19 le dio paso a la industrialización y con ella una gran oferta publicitaria acerca de productos especiales para las mascotas, propaganda en la cual se equipara al canino o felino con un ser humano, asemejan comportamientos con bebés humanos de tres años de edad, sensibilizando la conciencia del público objeto, este estado que se promueve tiene un fin particular de algo así como, “eres responsable de los estados emocionales y de la salud en tus animales”; en la práctica se promueve la unidad indisoluble entre lo humano y lo animal, puede ser un perro, un gato , una liebre, un cerdo, un caballo o cualquier otro que se pueda domesticar, dando paso a nuevos miembros de la familia en el siglo 21; por tanto contamos con: veterinarios, zootecnistas, tiendas de juguetes, peluquerías, odontólogos, hospitales, servicios fúnebres y más para nuestras mascotas.

Sin duda el avance de la tecnología y los medios de comunicación han permitido que estos actores y miembros de la familia moderna, la multiespecie, se abran paso en los círculos sociales, ya que, los humanizamos, les hemos dado un rol específico en el núcleo materno o paterno, tal vez, el que consuela, el que divierte, el que acompaña, en fin, roles que dependerán de la familia; podríamos decir que nos hemos hecho una autoprogramación neurolingüística de inclusión de las “Pets”.