En la Krummhörn, antiguamente una península de la Frisia del Este, hasta hoy en día se pueden encontrar 18 aldeas circulares, también llamadas aldeas en Warft [Warft es un montículo de tierra que protege las edificaciones de la marea alta en temporales, hay montículos que tienen espacio para una sola casa, otros que dan espacio para una aldea entera. Nota de traductor] y una aldea de pescadores. Esta última, llamada Greetsiel, es el lugar más conocido por turistas de aquella región y atrae grandes cantidades de visitantes durante las vacaciones.

Las personas que visitan la Krummhörn por primera vez en su mayoría tienen la impresión de haber regresado en el tiempo. Hasta hoy, las aldeas circulares están marcadas por sus edificaciones históricas, sobre todo por sus iglesias, que se han construido sobre un Warft (montículo) y cuya más antigua es del siglo 13. Son esos rituales pequeños, no llamativos, los que se mantienen vivos aquí. Son esas típicas casas de Frisia, las que se construyeron de ladrillos rojos y que parecen atemporales. De una inmensidad muchas veces infinita, aun hoy hay pocos habitantes en estos parajes.

En una de las aldeas más pequeñas, Jennelt, de unos 370 habitantes, los aldeanos más viejos y los más jóvenes se encuentran regularmente en la antigua escuela del pueblo. Los Frisones del Este nombran este lugar “Herrlichkeit Jinnelt” – esplendor de Jinnelt. Hace algunos años, los aldeanos remodelaron la antigua escuela “Oll School”, la renovaron con mucho cariño y la eligieron como su nueva casa de comunidad. Todos los que tenían conocimientos de artesanía participaron en este proceso y hoy, el encargado del idioma bajo alemán en la Krummhörn , claramente emocionado, guía a los visitantes por la antigua escuela que se ha vuelto un lugar de encuentro cultural para la gente. Especialmente se admira la unión y solidaridad en las aldeas, que es rápidamente percibida por los visitantes.

Las llamadas “tardes de patria” hacen parte de la programación regular. Los Frisones del Este recuerdan los tiempos antiguos. Antiguamente, cuando la construcción de diques rompeolas era un tema importante, cuando la pobreza era evidente, o también recuerdos de una época en que se hablaba mucho, mucho más en bajo alemán. Hoy cantan juntos las canciones antiguas en el idioma ancestral, que solo unos pocos jóvenes pueden hablar, y tratan de rescatar en las escuelas su lengua. Recuerdan juntos una época, en la que el trencito “Jan Klein” serpenteaba a lo largo de 23 km desde Emden por la Krummhörn. Hasta mayo 1963 transportaba las personas de Emden hasta Pewsum o Greetsiel, y luego fue reemplazado por la ampliación de la red vial y el empleo de buses. Una y otra vez recuerdan esos tiempos en los que muchos Frisones del Este tuvieron que emigrar. Viejos recuerdos, textos, se leen en voz alta los cuentos de la aldea que han sido comunicados por y hacia los Frisones de América.

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Desde el siglo 17, para muchas familias que querían emigrar, los Estados Unidos fueron un llamado tentador que prometía riqueza, buena suerte y libertad. Muchas personas abandonaban su patria europea por razones religiosas y muchas más por razones económicas, para poblar el nuevo continente. En el siglo 19 se habló, por ende, de una ola de emigración. La mayoría de las personas se mudaban porque padecían de una hambruna miserable y porque le habían prometido un país donde corre la leche y la miel. La pobreza era enorme – y uno que otro también estaba marcado por su gusto por aventura. En Frisia del Este la persecución religiosa no era tan importante, era más bien la pobreza campesina o la opresión por latifundios ricos la que los ahogaba. Fundar una familia propia era, para muchos, algo inalcanzable.

A los Frisones también les tentó ir a América. En la segunda mitad del siglo 19 tuvo lugar una emigración en masa comprobada por los números históricos existentes. Antes de emigrar, eran reclutados por agencias fundadas para este fin. Las agencias mantuvieron un negocio lucrativo, explotando la situación desesperada de las personas y que promocionaban la emigración con promesas prácticamente utópicas. Y los Frisones del Este que ya habían emigrado contribuían también con sus cartas llenas de euforia a que sus parientes y amigos hicieran la gran travesía. No había nada que perder. Muchos hicieron el viaje dificultoso y se asentaban en los Estados Unidos en una colonia de Frisones del Este. Para ellos, los Frisones del Este en América, esto mantenía la esperanza viva de poder crear una nueva patria junto a los Frisones que iban llegando. Además querían combatir juntos la nostalgia. Y así, de las comunidades surgieron pequeñas aldeas. Uno de los primeros asentamientos, la así llamada “Saathoffsche Kolonie” se fundó en 1850 en Tejas. Pero Tejas no era un lugar ideal para los Frisones del Este. Casi el 90% de todos los Frisones del Este que emigraron se asentaron en los estados de Iowa, Nebraska o Illinois, porque allí las condiciones agrarias eran más favorables y las condiciones climáticas se parecían bastante a las de la Frisia del Este. Más o menos 1,2 millones de personas buscaron una nueva patria en América.

Hace muchas generaciones que los Frisones del Este emigrantes viven en el nuevo mundo. El contacto con la antigua patria nunca se ha perdido del todo. Visitas recíprocas e iniciativas son un gran tema. Había una edición de un diario para los Frisones del Este en América, que informaba de manera pronta y casi simultánea sobre los acontecimientos cotidianos de la antigua patria y que se publica hasta hoy. Viajes y amistades entre ciudades cuidaban y cuidan la solidaridad y unión. Hoy existe una recopilación (consecuencia de investigaciones familiares) que presenta casi 800.000 nombres de emigrantes en el internet. Casi un 70% de los Frisones del Este abandonaron su patria hasta el estallo de la Primera Guerra Mundial. El puerto de Emden era en ese tiempo el punto de partida donde los emigrantes comenzaban sus nuevas vidas con inconmensurables esperanzas. Buscando una nueva patria….

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Nicole Frischlich

Nicole Frischlich nació y creció en la zona del Ruhr norte de Alemania . Ellahizo sus primeros pasos profesionales en la industria de viajes y turismo que condujo a su autoempleo antes de los 30 años. La fotografía la ha acompañado a lo largo de su vida, al igual que escribir poesía e historias, preferiblemente en combinación. Desde 2018 vive en un pequeño pueblo en la costa del Mar del Norte y trabaja como periodista independiente para el Emder Zeitung junto con su trabajo comercial (impresión Giclee).
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