Nadie puede dudar que la familia es el centro de la vida de las personas, mucho menos en las sociedades latinoamericanas donde se aprende al ritmo y en la medida de la familia en la que se nace; es por la familia que se transmiten los valores de la cultura, los bienes y por supuesto los apellidos que llevan a extender el linaje.

En Colombia una de las familias más conocidas es la “Castañeda”, apellido conocido por todos, no por proceder de una familia poderosa o por tener personalidades de alto reconocimiento en la historia, sino porque que ha trascendido generación tras generación como el ideal de familia tradicional de los abuelos y se ha insertado en el imaginario cultural.

Bien sabido es que Colombia es un país de celebraciones, carnavales y fiestas populares que exaltan la vida, el trabajo y la belleza; en especial carnavales como el de Negros y Blancos en Pasto Nariño, el cual, precisamente, hace su apertura con la conmemoración de la llegada de la Familia Castañeda cada 4 de enero. Cuentan que esta numerosa y extravagante familia campesina llegó a Pasto en 1928 en peregrinación hacia el santuario de las Lajas, procedentes del vecino departamento del Putumayo.

Esta familia viajaba con los niños, los abuelos, animales domésticos, trastos del hogar y dentro de ella no faltaba el arriero, el cura, las mujeres de la vida alegre , la hija embarazada con traje de boda, para reunirse todos una vez al año; Este evento se instituyó parte de las fiestas de la ciudad como un elemento que promovía la concordia y hacia más atractivo el carnaval tanto para propios como visitantes. No obstante hay informaciones que ubican el origen de esta tradición un poco más al norte del país, en el departamento de Antioquia.

Al parecer fruto de un hecho histórico poco documentado en el cual se dio por primera vez en Colombia la manumisión de esclavos afroamericanos: “Doña Javiera Londoño de Castañeda (viuda de Don Ignacio Castañeda y Atehortúa), nacida en Medellín, y quien al morir en el Guarzo en 1767 hizo su testamento, en el cual daba libertad a 125 esclavos suyos, les regalaba una mina en las cercanías y tierras para vivir lo más apartado que sea posible, para que no los vuelvan a esclavizar, y con solo la condición de que los liberados construyeran la capilla de la Virgen de los Dolores, en la hoy cabecera del Municipio de El Retiro (Antioquia) y que cada año se le realizara una misa por su alma en esa capilla” .

Desde aquella época y hasta mediados del siglo XIX los libertos, quienes adquieren el apellido del amo que los liberaba, cumplieron con la promesa de encontrarse cada año para participar en la misa y luego celebrar en las calles del pueblo que los reunía.

Recuerdo que mi familia como en otrora la Castañeda se reunía alrededor de la bisabuela Rosa, la que llamábamos mamita, la matrona que cohesionaba el sentido de lo familiar y la alegría de compartir. Todas las generaciones presentes entonaban canciones y participaban en la preparación de la cena, hacían la novena de aguinaldos y bailaban hasta el amanecer. Quizá este tipo de encuentros de familia hagan parte del recuerdo de la mayoría de los colombianos porque poco a poco se ha perdido el sentido de reunirse con la familia extensa a celebrar y compartir lo mejor que el año viejo les ha dejado.

Puede ser ese recuerdo, esa añoranza de lo pasado lo que promueve mantener esa tradición de la comparsa de la familia Castañeda, pero también en el relato se manifiestan otras características importantes que si bien hacen parte de una representación caricaturizada de la familia, se puede resaltar la diversidad, la alegría, la espiritualidad, la libertad, la berraquera y la forma jocosa con la que los colombianos afrontan día a día su vida; no en vano se nos ha catalogado como uno de los países más alegres. Siendo así las cosas en Colombia habrá familia Castañeda para mucho tiempo y estará presente en la mayoría de los carnavales y fiestas que se celebran en el país; sin duda una tradición que no debemos olvidar.

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