La paradoja vial de Colombia

Colombia es un país sui generis en lo que concierne a su sistema de vías de penetración en un amplio sentido.

Desde contadas vías de dos carriles en ambos sentidos denominadas 4G para el transporte de carga y las salidas de las grandes capitales, hasta caminos polvorientos en verano e intransitables en invierno, incluso para los camperos y, sobre todo, para los famosos yip norteamericanos rezagos de la segunda guerra mundial y para las bestias de carga que sacan los productos agrícolas de las agrestes montañas, llanos y selvas colombianas.

En primer lugar, el estado a través de organismos bien sea el antes denominado Ministerio de Obras Públicas, el posterior Ministerio de Obras Públicas y Transporte, el Instituto Nacional de Transportes y Tránsito -INTRA-, el Fondo Vial Nacional, el Fondo Nacional de Caminos Vecinales -FVCV- ya todos desaparecidos, bien sea las diferentes Secretarías departamentales y municipales de Obras Públicas y los más actuales Ministerio de Transporte, el Instituto Nacional de Vías -Invías- y la Agencia Nacional de la Infraestructura -ANI- se han encargado de proyectar, planear, diseñar y hacer licitaciones para conectar los principales centros productivos del país con las principales ciudades y con los pocos puertos marítimos que posee el país (Buenaventura, Santa Marta, Cartagena y Barranquilla).

En segundo lugar, durante el apogeo de producción y exportación del café a partir de los años 60 la Federación Nacional de Cafeteros desarrolló y apoyó y financió diversos proyectos de comunicación vial intermunicipales y entre veredas. Esto quiere decir que propiciaron la salida de diferentes productos agrícolas y pecuarios y no solamente del café a las cabeceras municipales, por medio de la financiación y construcción de vías de penetración terciarias. Así fue más fácil que de los municipios se pudieran llevar los productos a las capitales de departamentos y a los puertos. Finalmente, esta política de inversión de este ente gubernativo y privado ayudó a la diversificación de la producción de los campesinos.

En tercer lugar, es bueno reconocer que ha habido otra forma de construcción de caminos vecinales gracias a la iniciativa de las juntas de acción comunal. Estas son organizaciones presentes en casi todas las regiones del país, especialmente en las zonas deprimidas de las grandes ciudades y en las áreas rurales. De forma espontánea se unen personas para solucionar problemas de vivienda, educación, viales, de acueducto, alcantarillado, entre otros. En algunas ocasiones, hacen reuniones sociales y bailables con venta de alimentos, bebidas y licores para recolectar dinero. En muy contadas ocasiones recurren a solicitar a ciertos políticos (concejales, diputados, representantes de las Juntas de Administración Locales o sus respectivos asesores y tramitadores) para que a cambio de votos les den algún apoyo para la construcción de un camino vecinal, el tanque para el almacenamiento de agua, de tuberías para la conducción de aguas tratadas y para las residuales. Cabe recordar que ellos han sido elegidos por el pueblo en elecciones oficiales o nombrados por alcaldes, gobernadores o presidentes para hacer esas labores, pero ellos mismo han creado un ambiente para que en vez de prestar un servicio, sean los intermediarios mediante el denigrante vicio de cambiar un servicio por votos.

Por último, en Colombia ha existido otra forma de construcción de vías de penetración. Es la correspondiente a los grupos insurgentes, paramilitares y a las bandas criminales, todos ellos dedicados al narcotráfico. Ellos han elegido territorios selváticos y de difícil acceso en las montañas para la siembra de la amapola, la coca y la marihuana, como también para la respectiva transformación de estos productos naturales en productos procesados en laboratorios artesanales. Para lograrlo han secuestrado y robado maquinaria del estado y de las empresas privadas para construir vías en medio de la nada, con el fin de sacar la droga de manera clandestina. Pero a ellos se le han plegado también colonos y ganaderos que han tumbado monte y selva, creando un nuevo problema de deforestación de un lado y de cerco a la fauna salvaje.

Esta es la realidad colombiana donde se quiere progresar mediante la creación de vías de penetración a lo largo del país, pero sin una total planeación y, mucho menos, sin un compromiso con el respeto al equilibrio con el medio ambiente, todo en aras del progreso y del bienestar de emporios industriales y de algunas personas.