Respiro fondo, profundamente y miro hacia atrás. Rara vez me vuelvo y observo.

Pero ahora es inevitable. Allí está él, todo un camino, toda una aventura, toda una parte, de una historia.

Allí, detrás de mí, el camino por donde pasé, por un buen tiempo.

Me recuesto, y observo.

Él es tan largo, que casi no lo veo por entero. Sin embargo, recuerdo de muchos detalles.

Recuerdo de algunos paisajes, tan gratos, suaves, que me indujeron a continuar. Recuerdo los agujeros y las piedras, donde tropecé y caí…y que no me sacaron el ánimo de proseguir.

Caí y me lastimé. Además, no solo una, o dos. Fueran algunas heridas. Pero, por más heridas, la caminata no parecía un tormento. Sí, lógico, hubo algunos tormentos, pero he usado, e abusado de mis pasos anchos, firmes y decididos.

¡No! Por favor, no juzguen que me crea un héroe. Que soy el tal.

No, al contrario, soy solamente un humano, que va dosificando miedo, con coraje, dudas con certezas, vacilación con decisión.

Las indecisiones fueran muchas, pues, una vez por otra, no tenía seguridad sé todavía estaba en aquel camino.

No importaban sus laderas fuertes, su polvo o lodo. De hecho, que no importaba, pues yo sabía que, a pesar de las dificultades, aquel era el camino que me llevaría a mi objetivo.

Pero en él, no todo eran dificultades. ¡No! ¡No! Había partes gratas, como que, regalando con momentos de tranquilidad, para que yo recuperara el aliento.

Nuevas piedras, nuevos agujeros, nuevos resbalones, nuevas heridas. Y, por más que me duelen, sé que no serán eternas.

Quién sabe, lo que existe de más agradecido en aquel camino, sean justamente las piedras y los agujeros. Pues, como el lodo que me hacía resbalar, no impidió que me recuperara el aliento, y reconoció de lejos, nuevas piedras y nuevos agujeros

Yo miro todo el camino recorrido. Recuerdo cada detalle. Fueran buenas y grandes lecciones.

Lecciones como aquella buena alquimia de ir dosificando con cuidado, la precaución con el ímpetu, duda con la certeza, y la vacilación con la decisión.

Miro aquel camino con ternura, pues fue en él que pasé por grandes y pequeñas cosas, que, a pesar de duras, breves, o más largas, fueran gratas.

Ese camino se quedó para atrás.

Otros caminos me esperan allí, luego adelante. Llegué a ellos, gracias al viejo y buen, camino.

A él, mi gratitud.

¡Y de él, sólo me queda una triste DESPEDIDA!