Hace unos meses, escribí un ensayo sobre puentes para la primera edición de esta publicación. El tema del conjunto de escritos fue Puentes. Me inspiré para escribir sobre un puente entre el mundo real y la morada de lo divino y cómo están conectados por un puente que conecta dos espacios separados, pero iguales. Mientras me preparaba para este ensayo, seguí volviendo al concepto del puente. Y entonces me di cuenta de que nuestra conexión con la patria es como una conexión con lo divino. Porque nuestra patria es una forma de experimentar lo divino.

Crecí en una granja de la cual tuvimos que mudarnos a principios de los años noventa. Era la granja que mi abuelo y mi tío abuelo cultivaron y luego mi padre se hizo cargo y cuidó de la tierra. No puedo ni siquiera empezar a asumir que yo sepa lo agonizante que fue para mis padres tener que tomar la decisión de dejarla. Este lugar, donde persiste la conexión de mi padre con su padre, que murió cuando mi padre era adolescente, ya no sería una conexión física, sino mero recuerdo. Y la agricultura es algo que tienes en tu sangre. Es parte de su ADN.

Puede que no recuerde mucho de las tuercas y pernos de la agricultura – del patrón usado cuando hay que girar el tractor en las tierras de cultivo. Qué palanca utilizar para levantar la herramienta del tractor del suelo. Pero recuerdo el olor de la tierra recién removida en primavera. Recuerdo el olor del primer corte de trigo a finales de verano. Recuerdo el sonido del tractor ralentizando y enfriándose al final del día. Recuerdo la vibración de la cosechadora cuando el sinfín vaciaba la tolva de su contenido. Recuerdo el sabor de las hamburguesas y la ensalada con aderezo ranchero que servíamos cuando los vecinos nos visitaban en una noche veraniega.

Ya no vivo en una granja en funcionamiento, pero vivo entre aquellos que aún lo hacen. Aunque no estoy viviendo en una granja, todavía tengo una profunda conexión con la tierra. La tierra de la pradera, con la hierba que fluye, la brisa a menudo fuerte y las tormentas que se pueden ver a kilómetros, siempre me llamará. A medida que me he mudado y experimentado otros lugares, sigo regresando en mi mente, en mi alma, en todo mi yo, a la granja que me marcó. Ya no pertenece a mi familia, pero nosotros pertenecemos a ella. Puedes llevarte a la chica de la granja, pero no puedes quitarle la granja a la chica. Regreso a ese hermoso y mágico lugar cuando necesito encontrar mi lugar feliz. Cuando necesito experimentar lo divino, cruzar ese puente, para recordar las promesas de que hay algo en el más allá que me llama, algo que me conoce profundamente y que nunca desaparecerá, me transporto a los escalones de esa casa blanca rodeada de árboles, donde hay gallinas cerca que cacarean y donde sopla el viento omnipresente haciendo crujir las hojas. Cruzo el puente en mi mente que me mantiene donde esto,y pero que me lleva a donde necesito estar. Mi casa. Mi granja. Mi tierra natal.

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