Sentado frente a la actriz Sean Young, haciendo el papel de Rachael, se encuentra Rick Deckard – encarnado por un Harrison Ford realmente muy joven – mirándola de manera indiferente. Todo el escenario se encuentra envuelto en el humo de los cigarros que ella va fumando, mientras él le hace preguntas y no deja de observar la cámara que muestra uno de los ojos de la mujer en primer plano. La mujer de negro ¿es humana o androide? El examen y la entrevista lo averiguaran. Solo este examen puede diferenciar entre humanos y androides, en un mundo, en que los androides mismos no saben si en realidad son seres humanos.

La versión de “Blade Runner” de Ridley Scott llegó 1982 a los cines y bajo el efecto de la película “ET” de Steven Spielberg simplemente no obtuvo la atención que merecía. No obstante, la película (hace poco llegó una secuela a los cines) es una de esas que marcaron este género. Una característica que la película comparte con el autor, porque la base literaria “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” debió haber sido la primera historia hecha película de Philip K. Dick. El autor consiguió ver solo la exhibición de ensayo; poco antes que “Blade Runner” fuera estrenado en los cines, él falleció con solo 50 años de edad a causa de un derrame cerebral.

En algún lugar, Adolfo Hitler ganó la guerra

El ganador del Premio Pulitzer Art Spiegelmann expresó la tesis de que Philip K. Dick es para la segunda mitad del siglo pasado, lo que Franz Kafka fue para la primera mitad del mismo siglo. En las diversas historias de Dick – como él vivía solo de los bajos honorarios que se obtiene para el género de la ciencia ficción, tuvo que escribir muchísimos textos para poder vivir de la escritura – también sus personajes a menudo andaban a tientas sin conocer lo que ocurría alrededor de ellos, y muchas veces hasta sin conocerse a sí mismos. Son más juguete que jugadores, porque el autor Dick no siempre colocaba los héroes clásicos de la ciencia ficción en el centro de la trama. Son las reacciones y la vida en el futuro de las personas que viven en segunda fila y del consumidor medio lo que interesaba a Dick.

Que Philip K. Dick tuviera una fiel y sin embargo modesta base de fans también se debe a ese hecho. Aproximadamente la mitad de sus obras fueron publicadas en una época en que los Estados Unidos estaban enamorados de la tecnología y mandaban personas a la luna. En “Star Trek”, el Capitán Kirk y Sr. Spock, siendo ellos lo más noble que se había generado en Tierra y Vulcano, exploraban la galaxia allí donde nunca nadie había estado antes. Mientras tanto, Dick escribía sobre un futuro que se desarrollaba después de una guerra atómica o en el que empresas dirigidas por androides gobernaban el mundo. O llevaba al lector a un mundo paralelo tan completamente diferente como en su primer éxito, la novela “El hombre en el castillo”, más conocido bajo el nombre de la versión cinematográfica de Amazon Prime “The man in the high Castle”. Dick, marcado por la experiencia del gobierno del presidente Richard Nixon, atormentado por la paranoia, traza una visión del futuro alternativa, en la que los EE.UU., después de la II Guerra Mundial,  son divididos entre las potencias vencedoras,  Alemania y Japón. Mientras la mayoría de los americanos había aceptado esta situación, y algunos hasta sirven en la organización SS, salen a la luz una y otra vez reportajes en los que se muestra un mundo en el que el Tercer Reich y el Japón imperial habían sido vencidos. Si bien es cierto que la historia hace parte de las más sensacionalistas – y de hecho fue escrita por Dick cuando necesitaba el dinero de manera urgente – muestra uno de los temas cruciales de su obra: ¿qué es la realidad? Y ¿qué es la verdad? ¿Realmente queremos saber y conocerlas? Su historia da la impresión de la versión literaria de la teoría cuántica, en la que pueden existir incontables universos paralelos o dónde hay dos partículas que se encuentran a una distancia de millones de años luz y sin embargo son una y la misma partícula. ¿Suena muy confuso? Y lo es. No obstante es por eso que hay tan pocos que han entendido la teoría cuántica o las historias como las que escribe Philip K. Dick.

“La Realidad es aquello que, incluso aunque dejes de creer en ello, sigue existiendo y no desaparece.”

Philip K. Dick

Pero volvamos a Rachael. Ella es una mujer joven, con pelo largo y de color castaño oscuro. Es una chica morena que aparece en muchas de sus historias. No es ninguna coincidencia que esta imagen de una mujer se parezca a las mujeres con quienes estuvo casado el autor, a pesar de su estilo de vida bastante retirado. Pero detrás de la imagen de la chica morena hay mucho más.


Su compañera de por vida fallece con solo un año

La hermana gemela de Philip K. Dick, llamada Jane, falleció cuando ambos tenían algo más de un año de vida. La familia estaba a punto de romperse y se había mudado de Chicago a la costa oeste de los EE.UU. Tenemos que asumir que Dick no se acordaba realmente de su hermana. Pero durante toda su vida, él tenía la sensación de que ella lo acompañaba. Dick, que con o sin consumo de drogas siempre estuvo siendo motivado por visiones, en ciertos momentos debe haber tenido la impresión que su hermana se encontraba realmente al su lado. Y en sus obras, él la creó innumerables veces, Rachael de “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” es una sola versión de estas Janes. Al final, los hermanos se reencontraron. Los padres habían mandado hacer una tumba compartida para los gemelos, y durante casi 50 años la placa con nombre de una mitad se mantuvo vacía, hasta que su hermano siguió a Jane. ¿Cómo debe ser eso, saber que allí en el monte te espera una tumba? Puede ser que Jane haya sido el impulso por el que Dick una y otra vez creaba mundos alternativos, en la esperanza de poder encontrar a su hermana en uno de ellos.

“Philip K. Dick es en su densidad y su amor por el detalle prácticamente el Charles Dickens de la ciencia-ficción.”

Ridley Scott

Hoy en día, el nombre de Philip K. Dick es más común, sin embargo no muy conocido. Pero al menos es grande la probabilidad de haber visto una versión cinematográfica de sus obras literarias, o, como es el caso de “Matrix” o “The Truman Show: Historia de una vida”, unas de las películas que fueron inspiradas por Dick. Y eso también comprueba por qué hoy en día nos siguen interesando tanto sus historias. Dick falleció el 2 de marzo de 1982, pero lo que él nos ha dejado como legado, sin duda se puede calificar como “manteniendo el pulso al tiempo”. Steven Spielberg ha creado en la película “Minority Report” un futuro cercano, en el que la policía sabe de un delito antes que este se haya cometido. Y pone al delincuente en esposas antes de que éste haya incluso planeado su crimen. A veces hasta antes de haber tenido la idea de cometer un crimen. Debe haber policías actuales que, usando el programa de Policía Predictiva, sueñan con ese futuro mientras el algoritmo del computador les dice dónde y cuándo habrá chances altas de actos criminales. En la historia de Dick eran los mutantes quienes predecían los delitos, si el algoritmo de la Policía Predictiva fuera un ser humano, se vería confrontado con acusaciones de racismo.

No podemos confiarles a nuestros ojos

Y ¿hoy en día realmente estamos seguros de lo que es real y lo que no lo es? El que no tiene medios para comprarse unas vacaciones en Marte, al menos puede recordarlas como si las hubiera vivido. Ese es el guión de “Total Recall”, en el que un obrero se deja implantar en su cerebro el recuerdo de cómo, siendo un agente secreto, combatía en el planeta Marte. Dick no lo pudo haber sabido, pero neurólogos piensan que esto es un escenario realístico. Tanto si el cerebro recuerda un recuerdo real o una memoria artificialmente implantada, el proceso de memoria y el del revivir ese recuerdo es idéntico.

Pero no necesitamos ir al futuro, quedemos en el presente. Por medio de aplicaciones del celular podemos cambiar las caras de actores y actrices por las de estrellas del cine porno. Solo el ojo especialista podría identificar el montaje como falso. Y ¿quién puede estar seguro de que el político mostrado en video en las noticias realmente dijo las palabras que uno ve en la pantalla? La frase “yo solo creo lo que veo” ha perdido su relevancia por completo.

Philip K. Dick escribía en un tiempo, en el que las palabras Virtual Reality (Realidad Virtual) o Augmented Reality (Realidad Aumentada) ni siquiera existían. Y sin embargo las gafas de realidad aumentada Google Glass, que fueron un fracaso, son solamente el preludio de un mundo en que se puede dar a la realidad un toque diferente con elementos de realidad virtual. Las gafas de realidad aumentada de Microsoft, la HoloLens, en ese sentido ya se acerca a la perfección. Y la realidad virtual, eso es la elusión total de la realidad, es cada vez más accesible. Uno que otro recordará los avatares bastante pixleados de Second Life, actualmente se está programando un Second Life nuevo en el que el jugador puede sumergirse por completo. ¿Qué tan lejos estamos de escenarios como los que describe “Matrix”, en la que humanos inertes y prácticamente sin vida viven solamente de manera virtual y ni se dan cuenta de ello?

Philip K. Dick, finalmente, pertenece a aquellos autores de ciencia ficción cuyas historias contienen algo de profecía. Lo que, de hecho, no es un pensamiento muy tranquilizador, ¿no es así? Aún en vida, él relataba haber tenido un encuentro con una mujer que le aseguró que algunas de sus ficciones eran reales.

Donde humanos aprenden a ser humanos de los androides

No obstante, en las narraciones de Dick a veces hay una chispa de esperanza, pero a menudo no son los humanos que introducen algo así como humanidad a las distopías de Dick. En “Blade Runner” por ejemplo uno u otro androide asume el rol de la empatía y compasión humana. Y en una narrativa – los seres humanos se han refugiado bajo la tierra a causa de una guerra atómica – son los robots que se han construido para la guerra los que hacen las paces y elaboran un plan para impedir que los humanos vuelvan a entrar en guerra en el momento en que pisen la superficie de la tierra. En esta historia, Dick explícitamente esboza un contramodelo a la opinión frecuentemente expresada que una inteligencia artificial pudiera decidir que lo más sensato sería proteger la Tierra de los seres humanos.

Por otro lado, las excepciones confirman la regla. Hace poco, Amazon Prime hizo una versión cinematográfica de varias narraciones cortas en serie, y allí también se encontraba actuando otro tipo de robots. Aquellos que los humanos no habían desarrollado para hacer guerras, sino que para producir productos de consumo de manera industrial. La guerra estalló igual, al final la fábrica producía solamente para pequeños grupos de humanos dispersos, que no conseguían hacer nada con todos los cachivaches y las baratijas. Pero cuando parten hacia la fábrica para parar los envíos de productos que contaminan el ambiente, finalmente llegan a la conclusión… que ellos mismos son robots, fabricados por la misma fábrica. Porque después de la guerra no quedaban humanos, y alguien tenía que seguir consumiendo, ¿no es así? Una típica narración de Philip K. Dick.

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