Imagino que hay una conexión entre nosotros y el más allá al que vamos a ir. Aquel más allá en el que encontramos la divinidad y nos juntamos con los Santos que se han ido antes que nosotros, y los santos que aún están por llegar. Me imagino que los lugares, reales o transcendentales, están muy cerca uno del otro, tal vez estén en el mismo lugar. Como un puente peatonal en un parque.

Pienso en un parque en específico que se encuentra en New Orleans, Lousiana, donde la vegetación es densa y verde y reluciente mientras bebe la humedad del aire. Hay un banco frente a una curva de un arroyo, y al mover la cabeza para observar el entorno, asimilando toda la belleza de la creación, un puente justo a un lado llama tu atención. Si decides caminar hacia él y luego cruzarlo, te transportará al otro lado del arroyo que pasa por debajo de él. Un arroyo tan chico que, si lo quisieras cruzar, difícilmente te mojaría los dedos de los pies. Al avanzar sobre el puente tu perspectiva comienza a cambiar, mientras todo permanece igual. Y cuando llegas al otro lado del puente te encuentras en un lugar nuevo en el que siempre has estado.

Me imagino que los lugares, reales o transcendentales, están muy cerca uno del otro, tal vez sean el mismo lugar. Como un puente peatonal en un parque.

Ivy Schulz

Caminando sobre el mismo puente

Imagino que nacimiento y fallecimiento son así. Yo sé que es verdad. Hace solo unos meses atrás estuve en el lecho de muerte de una señora de la congregación a la que sirvo como pastora. Mientras estábamos rezando juntas, ella respiró su último respiro y su marido de 58 años dijo: “Se ha ido.” Y justo después que pronunciara esas palabras, se escuchó una canción de cuna por los parlantes del hospital. Cuando nace un bebé, la canción de cuna de Brahms se escucha por todo el hospital para que podamos regocijarnos de la nueva vida.

Cuando llegaba esta preciosa criatura de Dios a este mundo, imagino que mi querida amiga, que recién había fallecido, caminaba por el mismo puente que este bebé estaba cruzando. Mi amiga, siendo una abuela y bisabuela, seguramente le saludó con la mano al pasar por encima del arroyo en el puente al lugar que es el mismo pero con otra ubicación. Seguramente lo bendijo y le pronunció unas palabras haciéndole ánimo. “Te va a gustar allí. Tantas personas que te aman y estarán contigo. Te veré cuando te devuelvas por este puente, algún día.”

Dos santos pasando uno por el lado del otro en un animado día sábado, cada uno con su camino para andar. Uno caminando hacia la nueva vida y el otro hacia la vida eterna, unidos por un puente hecho por Dios.