Roger Schütz – En la búsqueda de la unión de los cristianos

Roger Schütz – En la búsqueda de la unión de los cristianos

El 8 de abril 2005, en Roma el tiempo paró durante un día. Casi cuatro millones de personas, procedentes del mundo entero, se reunieron en la Ciudad Santa para despedirse del Papa Juan Pablo II. La muchedumbre era tan grande que hubo gente que no consiguió llegar a la Plaza de San Pedro. 300.000 peregrinos e invitados de estado asistieron a la ceremonia funeraria del fallecido pontífice. La misa fúnebre fue celebrada por el cardenal Ratzinger.

Pendiendo de un hilo

Durante todo el ceremonial, y hasta el final, asistió un hombre quien no era católico pero sí Clérigo Protestante. Fray – mejor conocido como Frère – Roger Schütz, fundador y prior de la Hermandad Taizé.

Usaba una sotana blanca de un sacerdote y estaba sentado en una silla de ruedas. Al comenzar la eucaristía, un acompañante empujó la silla de ruedas hacia el primer lugar frente al altar. Allí, Frère Roger recibió la eucaristía de las manos de cardenal Ratzinger personalmente.

El mundo entero sentado frente a la televisión observaba como Roger Schütz – el Santo de los Corazones – le daba un toque muy especial a la ceremonia fúnebre del Papa de los Corazones. Este momento que en ese día “el viento se llevó” de una manera muy literal (un fuerte viento sopló y barrió fuertemente sobre la Plaza de San Pedro en justo ese momento) mostró muy evidentemente que el ecumenismo aun en el siglo XXI está pendiendo de un hilo. Porque la discusión después no se dejó esperar mucho tiempo.

Von João Pedro Gonçalves (en:User:Joaop) – http://galerias.escritacomluz.com/joaop/album02/aaa, CC BY-SA 2.5, Link

El vocero del Vaticano Joaquin Navarro-Valls comunicó, según los medios de comunicación, que la recepción de la eucaristía no estaba prevista para el fundador de la comunidad Taizé y que esta se basó en “circunstancias casuales”. Frère Roger se había encontrado “sin querer” en la cola que se había formado frente al cardenal Ratzinger para la recepción de la comunión, y que se hizo imposible rechazarlo. “Esto es un caso inusual que no debe ser generalizado.” comentó Navarro-Valls y calificó todo como un “error”.

Recepción de la Santa Comunión ya por las manos de Juan Pablo II

Sin embargo, esa no fue la primera vez que el protestante Schütz participó de la eucaristía en el Vaticano. Años antes ya había ocurrido lo mismo. En ese entonces, prácticamente nadie cuestionó el acto.

La discusión sobre ese tema se desata una y otra vez, hasta hoy en día. Para mí como católico, el punto más importante que quien puede recibir la eucaristía y quien no, es saber quién es la persona que se encuentra detrás del banco de la comunión, quien recibe el cuerpo de Jesús y su comprensión por la sagrada eucaristía.

Juan Pablo II y Roger Schütz – católico y protestante – eran amigos de verdad, que de cierta forma pertenecían juntos. El papa y el fundador de la Comunidad Taizé se encontraron por primera vez en el año 1962 en el  Concilio Vaticano II. Antes de reunirse para el concilio, ellos rezaban juntos en la Capilla del Santísimo Sacramento y, mientras tanto, se conocieron. Se acercaron, y se desarrolló una amistad de por vida. Ambos anduvieron por caminos parecidos o muy diferentes, siempre de acuerdo a su respectiva misión. Pero nunca se separaron uno del otro, como tampoco jamás pudieron separarse de la idea que debían entusiasmar la juventud de este mundo por la fe. Uno concretó la JMJ, la Jornada Mundial de la Juventud, y el otro fundó el Concilio de la Juventud, siempre con el pensamiento en el trasfondo de unir la fe en Jesucristo.

Organizaban reuniones de oración, meditaciones, encuentros, apoyaban conversaciones sobre el futuro del cristianismo en el mundo, organizaban congresos globales bajo el título “peregrinaje de la confianza sobre la tierra”, se comprometieron hacer “encuentros Europeos de Jóvenes” en muchas ciudades europeas. Eran trabajadores comprometidos en la Viña del Señor, rocas reales del cristianismo. Ambos hombres portaban el fenómeno de la espiritualidad dentro de ellos, Fueron un regalo a la humanidad y, sin embargo, tenían obstáculos insuperables entre ellos, por los que ellos – estando tan cerca y tan lejos al mismo tiempo – se mantenían a distancia. Hay que tener mucha humildad y demostrar gran comprensión para contentarse con que estos dos gigantes de la teología y del humanismo que trabajaban sin descanso, al final – supuestamente – lograron mover tanto y tan poco para unir el mundo cristiano. El sueño de ambos en la búsqueda de la unión de los cristianos no hizo un verdadero paso hacia adelante como ellos lo hubieran deseado. Pero nos dejaron un legado de una perspectiva llena de expectativas. Eso infunde esperanza para el futuro.

Frère Roger Schütz y Papa Juan Pablo II han construido un puente en dirección al futuro. Ellos comenzaron a caminar por un camino para sobrepasar los obstáculos. Cada uno tiene que, desde su punto de partida, ir al encuentro del otro y tenemos que encontrarnos en la mitad del camino. Si logramos hacer eso, entonces llegará el día en que el sueño de Frère Schütz y Karol Wojtyla se hará realidad: integrar la unión de los cristianos en nuestro día a día y vivir juntos – sin peleas o dogmatismos – en paz.

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Arthur Pahl

Arthur Pahl

Arthur Pahl nació en Gladbeck / Westphalia y creció en Würzburg. Después de entrenar en el sector hotelero, completó una pasantía en finos restaurantes suizos, trabajó como mayordomo en un transatlántico, vivió en los EE. UU., Colombia, Canadá y Brasil, turnándose de agricultor de arroz a comerciante de esmeraldas, taxista, vendedor de tumbas y corredor de bolsa, antes de regresar a Alemania, donde se desarrolla trabajando como guía turístico para grupos de turistas internacionales. El lema de Arthur es: “Escribir es vida – Leer es saber comprender la vida.