Se acerca la navidad

Se acerca la navidad

Se acerca la navidad, y como todos los años, con esa fiesta se acerca nuevamente la época del año en que se evidencia mi relación ambivalente hacia el Señor, hacia Dios. Crecí en un ambiente cristiano, principalmente protestante luterano, y a los 14 años fui confirmada.

Para mi desarrollo espiritual fue una decisión importante querer mostrarle a esa entidad transcendental que yo creía – y sigo creyendo – en ella. Defiendo la existencia de una energía superior, una vibración que me gusta describir como “Amor”. Y en muchas ocasiones de mi vida me siento guiada, acompañada o apoyada por esa entidad. Pero de ahí a denominarla Dios, Señor, o Dios Padre ya es un paso demasiado grande. Estudiando literatura me he dado cuenta que mi rebeldía contra la religión no es una contra la entidad divina sino más bien contra el lenguaje cristiano. Obviamente nuestras palabras, que son fuente de malentendidos en los temas más concretos, no son más que garabatos y esbozos simplificados hablando de un tema tan personal, tan emotivo, tan altamente espiritual como lo es la fe. O la creencia. O las experiencias espirituales. Mi imagen de Dios no es figurativa, es más una emoción. Una emoción vibrante, universal, inspiradora y maravillosa. Mágica. Y sobre todo simple, sin confundir eso con fácil, pero sí simple.

Definiendo esta emoción, esta conexión emocional con la energía superior como mágica, la hace importante en mi vida. Tal vez no es obvio, pero esa energía me mueve y conmueve. Sin embargo, no tengo un lugar concreto ni una palabra definida a la cual acudir. La Biblia me parece un libro interesante, y seguramente hay palabras de bien en ella, pero los textos bíblicos fueron seleccionados por hombres quienes estaban interesados en consolidar su posición de poder sobre los romanos y otros pueblos y sobre las mujeres. No puedo creer en textos en cuyo nombre se ha derramado tanta sangre como la Biblia. La situación es parecida con libros como la Bhagavad-gita o el Corán – libros que contienen palabras de bien, pero que no contienen el lenguaje que yo necesito para conectarme con la divinidad.

Y allí está, pues, la fiesta de navidad, que para mí contiene toda esa magia, que puede demostrar toda la energía de unión y amor. En otros años, yo he festejado navidad con y sin regalos, en familia y muchas veces con amigos, con y sin culto religioso, en invierno en el hemisferio norte y en pleno verano en el hemisferio sur. Y en los últimos años he tratado de olvidarme de la connotación religiosa que tiene navidad.

Pero este año, todo cambia. Este año, para navidad, mi hija tendrá 2 años y yo quiero conmemorar esta fiesta para que ella sienta la magia, para que ella tenga esa emoción cuando se avecine la fecha. La fiesta será en Chile, en pleno verano, en nuestra casa. Pero ¿qué es lo que quiero enseñarle a mi hija al respecto? ¿Qué tradiciones quiero seguir y cuáles son los detalles que deseo traspasar?

Durante mi infancia, mis navidades las he pasado todas en el hemisferio sur, por lo que mi navidad ideal siempre es en verano. He decorado hojas de palmera, ramos de pasto pintado de oro, y pinos de hojas largas. Pero me apestaban – y siguen apestando – las imitaciones de nieve cuando la transpiración te humedece la polera. Sé que la decoración navideña es un tema importante con respecto a la magia, así que mi solución este año es lucecitas que parpadean en diferentes colores con forma de estrellas. Además junté varias piñas de pino, las quiero pintar de oro y colgarlas en la casa. Y quiero que mi hija tenga la posibilidad de decorar también, así que estoy pensando en manualidades que se pueden hacer con niños de esa edad.

La corona de Adviento de nuestro autor.

Siguiendo mis raíces alemanas, deseo festejar los advientos, los 4 domingos antes de navidad. Tradicionalmente, en Alemania se teje una corona de ramas de pino, y se decora con cuatro velas que representan los cuatro domingos. Cada domingo de adviento, se enciende una vela más en la corona. Y desde que ya no vivo en la casa de mis padres, mi madre me manda o entrega un calendario de adviento, otra tradición alemana, que contiene 24 regalitos para cada día de diciembre hasta la navidad. Cada mañana se abre un regalito, que puede ser una golosina, una decoración navideña, o en el caso de mi madre, un regalo práctico: shampoo, pero del caro que uno no se compraría, crema para las manos, pero de la especial, que uno no sabe dónde conseguir, cosas para la higiene dental ya que la navidad es una fecha en la que uno se olvida de los efectos de azúcar en los dientes.

Ese es el lado práctico de la fiesta. Teniendo la decoración planeada o hecha, finalmente llego al grano de la cosa: ¿qué es navidad para mí? ¿Qué quiero enseñarle a mi hija?

En algún momento le enseñaré que la navidad surge como festividad cristiana para conmemorar el nacimiento de Jesús. Y en el mismo momento quiero enseñarle que la fiesta en esa fecha es mucho más antigua que el cristianismo, que en el hemisferio norte se festeja la llegada de la luz en el solsticio de invierno. La noche del 24 de diciembre ya es más corta que la anterior, y es por eso que los pueblos festejaban que iban a tener más tiempo para cazar u obrar durante los días cada vez más largos. Sin embargo, la esencia de la fiesta que va más allá de cualquier religión es la convivencia con seres queridos. Eso es lo que hace la navidad – en mi opinión – una fiesta tan popular en tantas culturas que no son cristianas. Tener una fecha en la cual se junta la familia o los amigos o ambos, en la que se festeja el amor, la amistad, la lealtad entre los individuos, en la que se puede demostrar el aprecio por medio de los regalos, y en la que se genera una magia de expectativas, sueños, esperanzas y tantas emociones. Eso es lo que quiero hacerle entender a mi hija. Que sea con regalos, sí, pero pocos – un regalo por persona. Porque los regalos no son la esencia, la esencia es el amor, el estar juntos. Imagino una mesa larga, amigos y parientes sentados en ella, en la terraza, con luces, comida simple pero rica, con harto picoteo y buen vino, para los niños cosas ricas hechas por abuelas y tías, y buena conversa para todos. A esa altura, la decoración ya no es tan importante, ella sobre todo ayuda a despertar la alegría previa a la navidad. Pero lo impagable es juntarse con los que amas y te aman, y sentirte bien sintiendo el amor entre todos.

Festejemos, pues, una fiesta de amor, de paz y de tradiciones que ayudan a despertar alegría. Este año iniciaré a mi hija en esta fiesta, así como muchos otros niños y nuevas generaciones serán iniciados. Y así replicamos el mensaje de amor, de paz y alegría en el mundo y en el tiempo.

¡Feliz Navidad!

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Soledad Marquez

Soledad Marquez

Soledad Marquez es alemana y chilena; nacida en Alemania, creció en Chile y en Brasil, estudió en Alemania y vive ahora en la patria de su corazón, Chile, a la orilla del mar. Ella estudió literatura española, francesa y portuguesa y ama los libros. Además, le gusta surfear y colecciona conchitas al pasearse en la playa con su marido y su hija.